Reflexión del día

Esperar despiertos

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Hoy comienza el Adviento, y con él un nuevo año de la Iglesia. Son cuatro semanas para preparar el corazón a la venida de Jesús.

El Evangelio de este primer domingo cabe en una palabra: velar. Jesús lo repite varias veces, para que no se nos olvide.

Cuenta de un hombre que se va de viaje y deja su casa en manos de sus siervos. A cada uno le da su trabajo, y al portero le encarga vigilar.

Nadie sabe cuándo volverá el dueño. Por eso hay que estar siempre listos.

Velar no es vivir con miedo. Es vivir con el corazón despierto, atento a la llegada de alguien que amamos.

La primera lectura es una oración llena de nostalgia. El pueblo de Israel se siente lejos de Dios y le suplica: «¡Ojalá rasgaras el cielo y bajaras!».

Es el grito de quien sabe que no puede salvarse solo. Y Dios respondió a ese grito de la manera más inesperada: se hizo niño en Belén.

El profeta termina con una imagen muy tierna: «nosotros somos el barro y tú el que nos moldea». Dios es un alfarero paciente.

En este Adviento podemos dejarnos moldear por Él. Sabe darle forma nueva a lo que está roto.

San Pablo, en la segunda lectura, anima a los cristianos de Corinto. Les recuerda que no les falta ningún don mientras esperan la venida del Señor.

Y les asegura que Dios es digno de confianza. Él mismo los mantendrá firmes hasta el final.

Hoy puedes empezar el Adviento con un gesto sencillo. Si tienes corona de Adviento, enciende la primera vela y dile a Jesús que quieres esperarlo despierto.

Él viene, y viene para quedarse con nosotros.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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