Reflexión del día

Un corazón despierto

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Hoy termina el año litúrgico. Mañana empieza el Adviento, el tiempo de preparar la llegada de Jesús.

En el último Evangelio del año, Jesús nos da un consejo sencillo y profundo. Nos pide que no dejemos que el corazón se nos vuelva pesado.

Los excesos y los afanes de la vida pueden adormecer el corazón. Uno sigue viviendo, pero ya no espera nada.

Por eso Jesús insiste en que estemos despiertos y oremos en todo tiempo. La oración mantiene encendido el corazón.

Orar en todo tiempo no significa estar siempre de rodillas. Es vivir con Dios presente y hablarle en medio de las tareas.

La primera lectura nos regala la última visión del Apocalipsis. Un río de agua viva sale del trono de Dios, y a sus orillas crece el árbol de la vida.

Allí ya no habrá noche, y de los siervos de Dios se dice: «Contemplarán su rostro».

Esa es la meta de nuestra vida: ver a Dios cara a cara. Todo lo que hacemos en la tierra es un camino hacia ese encuentro.

En este sábado miramos a María, la mujer que supo esperar despierta. Durante nueve meses llevó a Jesús en su seno, y cada día preparó su corazón para recibirlo.

Ella nos enseña a vivir el Adviento. Sin prisa y sin ruido, con el corazón atento y lleno de fe.

María guardaba todo en su corazón y lo meditaba. Así mantenía viva su oración en medio de la vida sencilla de Nazaret.

Hoy puedes pedirle a ella que te acompañe en este nuevo año de la Iglesia. Pídele un corazón despierto, que no se deje adormecer.

Con María, y de su mano, esperamos a Jesús, que llega pronto.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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