Reflexión del día

El Rey escondido

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Hoy, último domingo del año litúrgico, celebramos a Jesucristo, Rey del universo. Es una fiesta que nos invita a mirar hacia el final de la historia.

El Rey que nos presenta el Evangelio es muy distinto de los reyes de este mundo. No se sienta en un trono lejano ni vive rodeado de lujos.

Se identifica con los más pequeños. Dice: «todo lo que hicieron a uno de estos hermanos míos, los más pequeños, a mí me lo hicieron».

Al final de la vida no nos preguntarán cuántas cosas logramos. Nos preguntarán si dimos de comer al que tenía hambre y si fuimos a ver al que estaba solo.

Lo sorprendente es que ni los justos ni los otros sabían que estaban tratando con el Rey. Unos lo sirvieron sin saberlo; otros pasaron de largo.

Cristo está escondido en cada persona que sufre. Por eso el amor al prójimo es la forma más concreta de amar a Dios.

En la primera lectura, Dios se presenta como pastor. Va tras la oveja que se perdió y venda a la que está herida.

Ese es el estilo de nuestro Rey: reina cuidando. Su poder es el de un pastor que da la vida por sus ovejas.

Y el salmo lo canta con confianza: «El Señor es mi pastor; no me faltará nada». Con un Rey así, podemos vivir en paz.

San Pablo, en la segunda lectura, nos recuerda que Cristo ha resucitado y que al final vencerá incluso a la muerte. Entonces Dios será todo en todos.

Mientras tanto, su reino crece en silencio, cada vez que alguien ama como Él.

Hoy puedes preguntarte dónde te está esperando el Rey. Quizá en un vecino enfermo o en alguien que necesita una palabra amable.

Sírvele allí, con sencillez, y estarás construyendo su reino.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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