Reflexión del día
Lo que hicimos con lo recibido
En Bendita puedes escucharla con una voz cálida, también con el teléfono bloqueado.
Jesús va subiendo a Jerusalén, y mucha gente cree que el reino de Dios va a aparecer de un momento a otro. Para explicarles cómo será, les cuenta una parábola.
Un hombre noble se va lejos para ser nombrado rey. Antes de partir, deja a cada uno de sus siervos una mina de plata y les pide que hagan negocio con ella.
A su regreso, pide cuentas. Dos han hecho crecer lo recibido; el tercero lo devuelve envuelto en un pañuelo.
Todos recibieron lo mismo. La diferencia estuvo en lo que cada uno hizo con ello.
Al que trabajó, el rey le dice: «¡Muy bien, siervo bueno!». Y le confía mucho más de lo que había recibido.
El tercero tuvo miedo, y el miedo lo dejó quieto. Guardó la mina para no perderla, y así la perdió.
La vida cristiana no es para guardarla en un pañuelo. La fe crece cuando se comparte, y el amor cuando se da.
La primera lectura nos lleva al cielo. San Juan ve el trono de Dios, rodeado de ancianos y de seres vivientes que no dejan de cantar: «Santo, santo, santo es el Señor, Dios todopoderoso».
Los ancianos arrojan sus coronas delante del trono. Reconocen que todo lo que tienen viene de Dios y a Él vuelve.
Esa es la actitud del siervo bueno. Trabaja con lo que ha recibido y, al final, lo pone todo a los pies de su Señor.
Cada misa nos une a esa alabanza del cielo. Cuando cantamos el Santo, nuestras voces se juntan con las de los ángeles.
Hoy puedes ofrecer a Dios tu trabajo, grande o pequeño. Hazlo bien y con alegría, sabiendo que lo haces para Él.
Y al final del día, pon tu corona a sus pies: todo lo bueno que hiciste también es regalo suyo.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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