Reflexión del día
Que pueda ver otra vez
En Bendita puedes escucharla con una voz cálida, también con el teléfono bloqueado.
A la orilla del camino de Jericó hay un ciego pidiendo limosna. Oye el ruido de la gente y pregunta qué pasa.
Cuando le dicen que es Jesús, empieza a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, apiádate de mí!». Los que van delante lo regañan, pero él grita todavía más.
Nadie le iba a quitar esa oportunidad. Sabía que Jesús pasaba por allí, y que quizá no volvería a pasar.
Jesús se detiene. El Señor de todo se para por un mendigo, y le pregunta: «¿Qué deseas que te haga?».
Jesús ya sabía lo que el ciego necesitaba. Pero quiere oírlo de sus labios, quiere que ese hombre ponga en palabras su deseo.
También a ti te lo pregunta hoy. Piensa con calma qué es lo que más deseas que Él haga en tu vida.
El ciego responde con sencillez: «Señor, que pueda ver otra vez». Y en ese mismo instante vuelve a ver, y se pone a seguir a Jesús dando gloria a Dios.
En la primera lectura, el Señor habla a la Iglesia de Éfeso. Alaba su esfuerzo y su aguante, pero le reprocha que ha dejado el amor que tenía al principio.
Puede pasarnos a nosotros. Seguimos rezando y seguimos yendo a misa, pero el corazón se ha enfriado y la fe se ha vuelto costumbre.
El remedio es el del ciego: gritar a Jesús y pedirle que nos devuelva la vista. A veces lo que hemos perdido es la mirada de los primeros tiempos, llena de asombro.
Jesús nos invita a hacer memoria de dónde caímos y a volver a las obras de antes. No se trata de sentir lo mismo que hace años, sino de volver a elegirlo con todo el corazón.
Si hoy sientes que tu fe está apagada, no te quedes callado. Deja que tu oración sea un grito humilde.
Jesús sigue pasando por el camino de tu vida, y se detiene cuando alguien lo llama.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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