Reflexión del día
Los talentos escondidos
En Bendita puedes escucharla con una voz cálida, también con el teléfono bloqueado.
Jesús cuenta hoy la parábola de los talentos. Un hombre se va de viaje y deja sus bienes en manos de sus siervos, a cada uno según sus fuerzas.
Un talento era una cantidad enorme de dinero, el sueldo de muchos años. El amo confía en sus siervos a lo grande.
Dos de ellos se ponen a trabajar y duplican lo recibido. El tercero, en cambio, esconde el talento bajo tierra.
Cuando el amo vuelve, felicita a los dos primeros con las mismas palabras: «¡Bien hecho, siervo bueno y fiel!». Y los invita a compartir su gozo.
El tercero explica por qué no hizo nada: «Me dio miedo». Pensaba que su amo era duro y exigente, y ese miedo lo paralizó.
Lo triste es que se había hecho una imagen equivocada de su señor. El amo le había confiado su dinero; él solo vio exigencia.
A veces nos pasa lo mismo con Dios. Lo imaginamos como un juez severo, y el miedo nos impide arriesgar y dar lo mejor de nosotros.
Dios nos ha dado dones para que den fruto. Tu fe y la experiencia de tus años son talentos que el mundo necesita.
La primera lectura pinta a una mujer que hace fructificar todo lo que toca. Trabaja con sus manos y tiende la mano al pobre.
Su belleza no está en las apariencias. Está en que teme al Señor, y por eso sus obras hablan por ella.
San Pablo nos recuerda que somos «hijos de la luz y del día». No vivimos en la oscuridad, esperando con miedo; vivimos despiertos, trabajando con alegría.
Hoy puedes preguntarte qué talento tienes escondido. Tal vez una palabra de consuelo que no das, o una ayuda que podrías ofrecer a alguien cercano.
No importa si te parece poco. El Señor espera que lo pongas a trabajar con confianza, para entrar un día a compartir su gozo.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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