Reflexión del día

La casa de mi Padre

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Hoy la Iglesia celebra la dedicación de la basílica de Letrán, en Roma. Es la catedral del Papa, y por eso se la llama madre de todas las iglesias.

Puede parecer extraño celebrar un edificio. Pero ese templo nos recuerda que todos formamos una sola familia, unida en torno a Cristo.

En el Evangelio, Jesús entra en el templo de Jerusalén y lo encuentra convertido en un mercado. Con un látigo de cuerdas echa a los vendedores y vuelca las mesas.

Es una escena fuerte. Jesús ama la casa de su Padre y no soporta que se use para hacer negocio.

Luego dice algo que nadie entiende: «Derriben este templo, y en tres días lo levantaré de nuevo». El evangelista explica que el templo del que hablaba era su cuerpo.

Desde la resurrección, el lugar donde encontramos a Dios es Jesús mismo. Y todos los que estamos unidos a Él formamos su cuerpo, que es la Iglesia.

San Pablo lo dice así a los cristianos de Corinto: «ustedes son templo de Dios». Y añade que el Espíritu de Dios tiene en ellos su morada.

Cada uno de nosotros es un templo. Dios quiere vivir en tu corazón y en tu vida de cada día, también en lo más sencillo.

Por eso también a nosotros nos hace falta a veces una limpieza. Hay mesas que volcar: rencores guardados o costumbres que nos alejan de Él.

Jesús no entra en nuestro templo para humillarnos. Entra para devolverle su belleza y dejar sitio a Dios.

El salmo canta que un río alegra la ciudad de Dios. Ese río es la gracia que corre por la Iglesia y llega a cada corazón que se abre.

Hoy puedes rezar por el Papa y por toda la Iglesia. Y puedes dar gracias a Dios por la parroquia donde fuiste bautizado y donde recibes a Jesús.

Que tu vida sea una casa limpia y abierta, donde Dios se sienta en su hogar.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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