Reflexión del día
Aceite para la lámpara
En Bendita puedes escucharla con una voz cálida, también con el teléfono bloqueado.
El Evangelio de hoy nos lleva a una boda. Diez doncellas esperan al novio con sus lámparas para acompañarlo a la fiesta.
Todas tienen lámpara y todas se quedan dormidas cuando el novio tarda. La diferencia está en el aceite.
Las sensatas llevaron una reserva; las atolondradas pensaron que bastaba con lo que traían. Cuando a medianoche se oye el grito, a unas se les apagan las lámparas.
El aceite no se consigue a última hora. Es algo que cada uno va juntando poco a poco, con la oración de cada día y con la caridad callada.
Nadie puede amar por nosotros ni creer en nuestro lugar. Por eso las sensatas no pueden dar su aceite: eso no se presta.
La parábola no quiere asustarnos. Quiere despertarnos, porque el novio viene, aunque parezca que tarda.
La primera lectura cuenta que la sabiduría sale a buscar a los que la desean. Quien madruga para buscarla la encontrará «sentada a la entrada de su casa».
Así es Dios con nosotros. No se esconde de quien lo busca; se adelanta y sale a nuestro encuentro.
Y san Pablo consuela a los que lloran a sus difuntos. Nos pide que no vivamos afligidos, como los que no tienen esperanza, porque un día «estaremos para siempre con el Señor».
Esa es la fiesta que esperamos. Allí volveremos a ver a los que amamos y ya partieron.
Mientras tanto, estamos en el tiempo de la espera. Es el tiempo de preparar el aceite, sin angustia, pero sin dejarlo para después.
¿Cómo está tu lámpara hoy? Quizá brilla con fuerza, o quizá está un poco baja y necesita que la vuelvas a llenar.
No importa si alguna vez te has dormido, porque las diez se durmieron. Lo que importa es tener aceite cuando llegue el grito, para salir con alegría al encuentro del Señor.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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