Reflexión del día
Los que amamos
En Bendita puedes escucharla con una voz cálida, también con el teléfono bloqueado.
Hoy la Iglesia recuerda a todos los fieles difuntos. Es un día para llevar ante Dios a quienes amamos y ya no están con nosotros.
La primera lectura empieza con una frase que consuela: «Las almas de los justos están en la mano de Dios».
A los ojos del mundo, parecía que morían. Su partida se tomó por una desgracia, y su marcha, por una ruina.
Pero ellos están en paz. La muerte no tiene la última palabra sobre los que Dios ama.
El salmo pone en nuestra boca una confianza serena: «El Señor es mi luz y mi salvación». Aun en la noche del duelo, esa luz no se apaga.
El dolor por los que se fueron es real, y Dios no nos pide esconderlo. Llorar a los que amamos es también una forma de amarlos.
Pero el llanto cristiano tiene esperanza. Esperamos ver la bondad del Señor en la tierra de los vivos, y esperamos ver también a los nuestros.
En el Evangelio, Jesús habla del día en que el Hijo del hombre vendrá en su gloria. Y dice qué se tendrá en cuenta: el pan dado al hambriento, la visita al enfermo, la mano tendida al que estaba solo.
Por eso rezar por los difuntos va unido a vivir con misericordia. Lo que hacemos por los más pequeños, lo hacemos por Cristo.
Hoy es un buen día para pronunciar el nombre de tus difuntos delante de Dios. Encomiéndalos con confianza, y pide para ellos el descanso eterno.
¿Hay algo que no alcanzaste a decirles, algún perdón pendiente? Díselo a Dios; Él sabe hacérselo llegar.
La comunión de los santos no se rompe con la muerte. Seguimos unidos en el amor de Cristo.
Y un día, si Dios quiere, volveremos a encontrarnos en su casa, donde ya no habrá llanto.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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