Reflexión del día

Una muchedumbre inmensa

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Hoy la Iglesia celebra la solemnidad de Todos los Santos. Y el libro del Apocalipsis nos deja asomarnos al cielo por un momento.

Juan ve «una muchedumbre inmensa, que nadie alcanzaba a contar». Gente de toda nación, de todas las tribus, pueblos y lenguas.

No son solo los santos de los altares. Son también madres, abuelos, trabajadores y enfermos que vivieron su fe en silencio y hoy están ante Dios.

Uno de los ancianos pregunta quiénes son esos que visten de blanco. Y la respuesta sorprende: «Son los que vienen de la gran tribulación».

Los santos no tuvieron una vida fácil. Conocieron el dolor y la duda, y aun así se dejaron lavar por la sangre del Cordero.

Jesús, en el Evangelio, traza el retrato de esos santos. Son los pobres de espíritu, los que lloran, los mansos, los que tienen hambre y sed de justicia.

Son los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz. Gente que no siempre triunfa según el mundo, y a la que Dios llama dichosa.

San Juan, en la segunda lectura, recuerda que esa santidad empieza ya: «Miren qué amor tan grande nos ha regalado el Padre: que nos llamen hijos de Dios, y eso somos».

Todavía no se ha mostrado lo que vamos a ser. Pero sabemos hacia dónde vamos: a ver a Dios tal como es.

La santidad, entonces, no es para unos pocos elegidos. Es el camino de un hijo que se deja amar.

¿Qué bienaventuranza te toca vivir en este tiempo? Quizá la de los que lloran, o la de los que buscan la paz en medio de los conflictos.

Hoy puedes pensar en las personas buenas que conociste y que ya están con Dios. Forman parte de esa muchedumbre que nadie puede contar.

Da gracias por ellas, y pide la gracia de seguir sus pasos, con sencillez, en tu vida de cada día.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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