Reflexión del día
Volver a enderezarse
En Bendita puedes escucharla con una voz cálida, también con el teléfono bloqueado.
Hacía dieciocho años que aquella mujer andaba encorvada. No podía levantar la vista, mirar a los ojos, ver el cielo.
Jesús la ve, la llama y le dice: «Mujer, has quedado libre de tu enfermedad». Le impone las manos, y ella se endereza y se pone a alabar a Dios.
Muchas veces también nosotros vamos encorvados. Nos doblan las preocupaciones, las culpas o las heridas que no terminan de cerrar.
Con el tiempo, uno se acostumbra a mirar solo el suelo.
Jesús no pasa de largo ante esas cargas. Se detiene, llama por su nombre y devuelve la dignidad de mirar hacia arriba.
Nadie está tan doblado que Él no pueda levantarlo.
Al jefe de la sinagoga le molesta que haya curado en sábado. Pero Jesús le recuerda que el día del Señor es precisamente para desatar a los que están atados.
La mujer es «hija de Abraham». Jesús le devuelve su lugar en el pueblo y su dignidad.
A veces basta una palabra suya para que alguien vuelva a sentirse persona.
San Pablo pide hoy a los efesios que sean bondadosos y compasivos, y que se perdonen unos a otros «como Dios los perdonó en Cristo».
El perdón también endereza. Quien perdona se libera de un peso, y quien es perdonado puede volver a levantar la cabeza.
Guardar rencor es como caminar mirando al suelo: uno se pierde el cielo.
Por eso Pablo insiste en la bondad de cada día. Es la forma más sencilla de ayudar a otros a levantarse.
Pablo lo dice con una imagen luminosa: antes éramos oscuridad, y ahora, en el Señor, somos luz.
¿Qué te mantiene encorvado estos días? Preséntaselo a Jesús con sencillez; Él sabe desatar.
Y mira a tu alrededor. Quizá alguien espera de ti una palabra amable que le ayude a enderezarse.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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