Reflexión del día

Fuego y raíces

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Jesús habla hoy con una pasión que sorprende. Vino a «arrojar fuego sobre la tierra», y quisiera verlo ya encendido.

Ese fuego es su amor, que no deja las cosas como estaban. Calienta y purifica, y a veces también incomoda.

Por eso habla de división. No porque quiera familias enfrentadas, sino porque seguirlo pide decisiones, y no todos las toman al mismo tiempo.

Quien ha vivido algo así lo sabe. A veces la fe de uno despierta preguntas, silencios o resistencias en los de su propia casa.

San Pablo, en la primera lectura, ofrece lo que hace falta para no endurecerse en esos momentos. Pide que los efesios vivan «con raíces y cimientos en el amor».

Un árbol con raíces hondas no se cae con el primer viento. Así es la fe que se apoya en el amor de Cristo, y no en tener siempre la razón.

Cuando la fe tiene esas raíces, puede atravesar la incomprensión sin volverse amarga ni agresiva.

Pablo pide además algo casi imposible: comprender la anchura y la longitud, la altura y la hondura de ese amor. Es decir, dejarse sorprender por un amor que no cabe en ninguna medida.

Ese amor «supera todo conocimiento». No hace falta entenderlo del todo para vivir de él.

¿Cómo reaccionas cuando los tuyos no comprenden tu fe? Jesús no te pide pelear; te pide mantener el fuego encendido con paciencia.

Y Pablo termina con una confianza enorme. Dios puede hacer muchísimo más de lo que pedimos o pensamos.

Hoy puedes poner en sus manos esas situaciones de tu casa que te duelen. Él sabe encender el fuego sin quemar a nadie, y conoce a cada uno de los tuyos mejor que tú.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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