Reflexión del día
Administradores de la gracia
En Bendita puedes escucharla con una voz cálida, también con el teléfono bloqueado.
Pedro pregunta si la parábola es para ellos o también para todos. Jesús responde con otra pregunta: ¿quién es el administrador fiel y prudente?
Todos lo somos, de alguna manera. Nadie es dueño absoluto de su vida; a cada uno se le ha confiado algo para cuidar y compartir.
El buen administrador no es el que hace cosas extraordinarias. Es el que da a su tiempo la ración a los de la casa, día tras día, aunque el señor tarde.
El peligro está en pensar: «Mi señor tarda en llegar». Entonces uno se relaja, se vuelve duro con los demás y se olvida de para qué estaba ahí.
San Pablo se ve a sí mismo como administrador de una gracia: «A mí, el más pequeño de todos los santos, se me concedió esta gracia».
No se siente dueño de nada. Se sabe servidor de un regalo que no es suyo, el Evangelio para todos los pueblos.
Pablo no se cree mejor que nadie. Se llama a sí mismo el más pequeño, y por eso deja que la gracia haga su obra.
Jesús termina con una frase exigente. A quien se le dio mucho, se le reclamará mucho.
No es para asustarnos, sino para despertarnos. Dios confía en nosotros más de lo que imaginamos.
Piensa en todo lo que has recibido: la vida, la fe, las personas que te quieren. Todo eso es un encargo, y también una alegría.
¿Qué te ha confiado Dios que estás dejando de lado? Hoy puede ser un buen día para retomarlo con calma.
El cántico de hoy lo dice con confianza: «Dios es mi salvación; confío y no tengo miedo». El que administra bien trabaja con la alegría de saberse en buenas manos.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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