Reflexión del día
Rico ante Dios
En Bendita puedes escucharla con una voz cálida, también con el teléfono bloqueado.
Un hombre le pide a Jesús que haga de juez en un pleito de herencia. Jesús no entra en el reparto, pero aprovecha para hablar de lo que hay detrás: la codicia.
Y cuenta la historia de un rico que tuvo una gran cosecha. No sabe dónde guardarla, así que decide tirar sus graneros y construir otros más grandes.
Su plan parece sensato. El problema es que en todo su razonamiento solo aparece él mismo: mis graneros, mi trigo, mis bienes.
«¡Insensato! Esta noche te exigen que devuelvas tu vida». La frase es dura, y es también una llamada a despertar.
Jesús no condena la riqueza en sí. Condena vivir como si todo fuera para uno solo, sin Dios y sin los demás.
Ser «rico ante Dios» es otra manera de medir la vida. Se mide por lo que se da, por lo que se ama, por lo que se comparte.
San Pablo recuerda en la primera lectura de dónde viene todo lo bueno que tenemos. «Dios, que es rico en misericordia», nos dio vida cuando estábamos muertos por nuestras faltas.
Nada de eso lo ganamos. Es un don, y por eso nadie puede presumir.
Quien se sabe salvado por pura gracia empieza a mirar sus bienes de otra forma. Ya no los guarda con miedo: los pone al servicio.
San Basilio lo decía sin rodeos: el pan que guardamos de más le pertenece al que tiene hambre. Dar no nos hace más pobres.
¿Qué graneros estás llenando tú? No siempre son de trigo; a veces son de preocupaciones o de seguridades que nunca se usan.
Hoy puedes compartir algo que te sobra con alguien a quien le falta. Así empieza uno a ser rico ante Dios.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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