Reflexión del día
El fruto del Espíritu
En Bendita puedes escucharla con una voz cálida, también con el teléfono bloqueado.
Jesús no se anda con rodeos con los fariseos. Pagan el diezmo hasta de la menta y de la ruda, y pasan por alto lo que más importa: la justicia y el amor de Dios.
Es el peligro de una religión que se queda en los detalles. Se cuida lo pequeño y se descuida lo grande.
Y está también el peligro de cargar a los demás con fardos que uno mismo no toca. Exigir mucho a otros y poco a uno mismo es una tentación que no pasa de moda.
Jesús no desprecia las normas pequeñas. Pide cumplirlas sin dejar de lado lo principal, que es mirar a la persona que tenemos delante.
San Pablo ofrece hoy otra medida para saber cómo va nuestra vida. No se trata de contar normas cumplidas; se trata de mirar el fruto.
«El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí». Es una lista para leer despacio.
Ninguna de esas cosas se consigue a fuerza de voluntad. Crecen como crece un fruto: poco a poco, cuando la rama está unida al árbol.
Por eso el fruto del Espíritu no se fabrica: se cultiva. Se cultiva con la oración y con la paciencia de volver a empezar cada día.
Por eso Pablo termina con una invitación: «Si vivimos por el Espíritu, sigamos también los pasos del Espíritu».
¿Cuál de esos frutos te hace más falta hoy? Tal vez la paciencia con alguien cercano, o la paz en medio de una preocupación.
Pídeselo al Espíritu con sencillez. Él no pone cargas imposibles: da la fuerza para llevar las que ya tenemos.
Y mira también a tu alrededor. Quizá puedas quitarle a alguien un poco del peso que lleva, en lugar de añadirle más. Eso también es fruto del Espíritu.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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