Reflexión del día
Todos están invitados
En Bendita puedes escucharla con una voz cálida, también con el teléfono bloqueado.
En este vigésimo octavo domingo del tiempo ordinario, las lecturas nos sientan a la mesa. Isaías anuncia un banquete en el monte del Señor, para todos los pueblos, con las mejores comidas y los mejores vinos.
Y en ese banquete pasa algo más grande que la comida. Dios secará las lágrimas de cada rostro y hará desaparecer la muerte para siempre.
Jesús retoma la imagen en su parábola. Un rey prepara la boda de su hijo, lo tiene todo listo, y los invitados no quieren ir.
No lo rechazan por odio. Simplemente tienen otras cosas: el campo, el comercio, lo de cada día.
Esa es la forma más común de decirle que no a Dios. Sin portazos, solo con la agenda llena.
Pero el rey no cancela la fiesta. Manda a invitar a todos los que se encuentren por los caminos, malos y buenos, hasta que la sala se llena.
Nadie queda fuera por lo que ha sido. La invitación es para todos, también para ti, vengas de donde vengas.
El detalle de la ropa de boda recuerda que aceptar la invitación también cambia algo. Entrar en la fiesta es dejarse vestir de fiesta, dejar que Dios nos renueve por dentro.
El salmo lo canta con confianza: el Señor nos pone la mesa y llena nuestra copa hasta el borde. Y san Pablo, que conoció el hambre y la abundancia, dice de dónde saca su fuerza: «Para todo tengo fuerzas, en aquel que me hace fuerte».
¿Qué excusa pones tú cuando Dios te invita? Muchas veces es la misma de aquellos invitados: ahora no, tengo cosas que hacer.
Hoy es domingo, el día de la fiesta del Señor. Acepta la invitación sin buscar pretextos, y siéntate a su mesa.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

Oración del díaNueva cada mañana
Evangelio del díaCon su reflexión
Santo RosarioLos misterios de hoy