Reflexión del día
Oír la palabra y guardarla
En Bendita puedes escucharla con una voz cálida, también con el teléfono bloqueado.
Una mujer de entre la gente, entusiasmada, levanta la voz para alabar a la madre de Jesús. Es un elogio lleno de cariño, como el que se dice de cualquier madre orgullosa de su hijo.
Jesús no lo rechaza. Lo lleva más lejos: «Mejor aún: dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la conservan».
En ese «mejor aún» cabe María entera. Fue la madre de Jesús, y antes que eso fue la primera en oír la palabra y guardarla en el corazón.
Por eso en este sábado la miramos a ella. No para quedarnos en la admiración, sino para aprender su camino.
Y lo mejor es que esa dicha no está reservada a unos pocos. Cualquiera puede oír la palabra y guardarla. No hace falta ser sabio ni importante.
Pablo lo dice con una fuerza que todavía sorprende. Todos los que fueron bautizados se revistieron de Cristo, y en Él pierden peso las diferencias que tanto nos separan.
Delante de Dios nadie vale más por su origen, ni menos por su condición. Somos hijos por la fe y herederos de la promesa.
Esa es una dignidad que nadie te puede quitar. Tampoco los días en que te sientes poca cosa ante los demás.
¿Qué haces con la palabra que escuchas? A veces entra por un oído y sale por el otro; otras veces se queda, y poco a poco cambia la manera de vivir.
Guardarla es eso: dejar que se quede. Volver a ella durante el día, como María volvía una y otra vez a lo que había visto y oído.
Pídele hoy a la Virgen que te enseñe a escuchar así. Y quédate con una sola frase de las lecturas para llevarla contigo hasta la noche.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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