Reflexión del día

Una casa habitada

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En Bendita puedes escucharla con una voz cálida, también con el teléfono bloqueado.

A Jesús lo acusan de echar a los demonios con el poder del jefe de los demonios. La acusación es tan absurda que él mismo la deshace con una pregunta: si Satanás está dividido, ¿cómo va a mantenerse en pie su reino?

Y enseguida da la clave. Si él echa a los demonios con el dedo de Dios, el reino de Dios ya llegó: hay alguien más fuerte que el mal.

La última imagen del Evangelio es inquietante. Un espíritu impuro vuelve a la casa de la que salió. La encuentra barrida y adornada, y entra a vivir allí con otros siete peores que él.

Una casa limpia y arreglada no está a salvo solo por eso. Si nadie la habita, el mal encuentra sitio para volver.

Pasa también en la vida. Uno puede dejar un vicio, ordenar sus costumbres, portarse mejor, y seguir con el corazón sin dueño.

Jesús lo dice sin rodeos: «El que no está conmigo está contra mí». La casa queda segura cuando Él vive dentro.

San Pablo lo expresa a su manera en la primera lectura. No somos hijos de Abraham por cumplir la ley, sino por la fe, que deja a Dios hacer en nosotros lo que solos no podemos.

Y recuerda hasta dónde llegó Cristo para lograrlo: cargó con la maldición que nos tocaba a nosotros. Así la bendición prometida a Abraham alcanza a todos, también a ti.

¿Quién vive hoy en tu casa? Puedes tenerla muy ordenada y, aun así, tenerla cerrada para Él. Vale la pena preguntárselo con calma.

Hoy puedes abrirle la puerta otra vez. No hace falta tenerlo todo en orden antes; basta con dejarlo entrar y que sea Él el más fuerte dentro de ti.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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