Reflexión del día

Pedir sin cansarse

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Pablo se enfada con los gálatas porque han olvidado algo esencial. El Espíritu no lo recibieron por cumplir normas; lo recibieron porque oyeron y creyeron.

Es una tentación que vuelve. Empezamos con la confianza de quien recibe un regalo, y poco a poco pasamos a llevar la cuenta de lo que hacemos, como si Dios nos debiera algo.

Jesús responde a esa tentación con una escena de medianoche. Un hombre toca a la puerta de su amigo para pedirle tres panes, y no se va hasta conseguirlos.

El amigo se levanta por «lo atrevido de su insistencia». Y Jesús pone esa insistencia como ejemplo para nuestra oración.

Pedir, buscar, tocar. Son tres verbos para una misma actitud: no rendirse en la oración.

A veces dejamos de pedir porque pensamos que ya es tarde, o que Dios está cansado de oírnos. Jesús dice justo lo contrario. Él quiere que volvamos a pedir, una y otra vez.

Y termina con una comparación muy sencilla. Ningún padre le da una culebra a su hijo cuando le pide un pescado.

Si nosotros, con todos nuestros límites, sabemos dar cosas buenas, cuánto más el Padre del cielo. Y lo que Él quiere darnos, sobre todo, es su Espíritu Santo.

Ahí se encuentran las dos lecturas. El Espíritu que Pablo recuerda a los gálatas es el mismo que Jesús promete a quien lo pida, y es un regalo que se recibe.

¿Hace cuánto que no le pides a Dios su Espíritu? Quizá hoy sea el día de tocar esa puerta, sin miedo a molestar.

Pídele luz para lo que no entiendes y fuerza para lo que te cuesta. Él abre siempre, aunque no siempre a la hora ni de la manera que esperamos.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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