Reflexión del día
Hacerse prójimo
En Bendita puedes escucharla con una voz cálida, también con el teléfono bloqueado.
El doctor de la ley hace una buena pregunta y después busca una salida. Conoce el mandamiento; lo que quiere es que le marquen el límite, hasta dónde llega el prójimo.
Jesús no le da una definición. Le cuenta una historia y le da la vuelta a la pregunta: lo que importa no es quién es tu prójimo, sino de quién te haces prójimo tú.
El sacerdote y el levita vieron al herido. Seguramente tenían sus razones para seguir. Y pasaron por el otro lado.
El samaritano también lo vio. Lo distinto fue lo que le pasó por dentro: se compadeció con toda el alma, y ya no pudo seguir de largo.
La compasión no se decide en frío. Pero sí se puede cuidar, o dejar que se apague a fuerza de pasar de largo.
San Pablo, en la primera lectura, se enfrenta a otra manera de buscar salidas: rebajar el Evangelio para que resulte más cómodo. Él no lo acepta. «Si aún buscara agradar a los hombres, no sería servidor de Cristo».
El Evangelio que Pablo defiende es el mismo que termina con esta parábola, y no trae letra pequeña. «Ve, y tú también haz lo mismo» incluye al que no es de los nuestros, al que no nos cae bien, al que nos quita tiempo.
Por eso cuesta. Y por eso mismo libera: ya no tienes que medir si alguien merece tu ayuda.
¿Junto a quién te pone hoy la vida? No hace falta buscar lejos. El herido del camino suele estar más cerca de lo que pensamos.
Muchos Padres de la Iglesia vieron en el samaritano al mismo Jesús, que se acercó a nuestras heridas cuando estábamos medio muertos. Antes de hacer lo mismo con otros, deja que Él te cure a ti.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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