Reflexión del día

La viña es del Señor

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En este vigésimo séptimo domingo del tiempo ordinario, las lecturas nos llevan a una viña. Isaías canta la queja de un amigo que lo hizo todo por ella y solo recogió uvas silvestres.

«¿Qué más debía hacer yo por mi viña, que no hiciera?». Es la pregunta de quien ama y no se siente correspondido.

Jesús retoma la imagen y la lleva más lejos. En su parábola la viña da fruto; lo que falla son los viñadores, que se quedan con él y acaban creyendo que la viña es suya.

Esa tentación es de todos, también de los que llevamos años en la Iglesia. Lo que se nos confía termina pareciéndonos una propiedad, y el Dueño, alguien que viene a molestar.

Mira, en cambio, la paciencia del dueño de la viña. Manda siervos, y luego más siervos, y al final a su propio hijo.

Así ha sido Dios con nosotros. Y cuando ese Hijo es rechazado, se convierte en la piedra principal: Dios construye precisamente con lo que otros desecharon.

¿Qué fruto está esperando hoy de tu vida? No hace falta que sea algo grande. Muchas veces es un perdón que cuesta, o un trabajo bien hecho que nadie ve.

San Pablo, en la segunda lectura, añade algo que viene bien después de tanta exigencia: «Que nada los tenga angustiados».

Presentarle a Dios lo que necesitas, dándole gracias, deja en el corazón una paz que la mente no alcanza a explicar. Esa paz hace guardia, dice Pablo, sobre lo que sientes y lo que piensas.

Dar fruto nace de ahí, de saberse cuidado como la vid que plantó la mano de Dios.

Hoy puedes empezar por algo sencillo: darle gracias por su viña, y devolverle lo que es suyo.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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