Reflexión del día
De oídas o cara a cara
En Bendita puedes escucharla con una voz cálida, también con el teléfono bloqueado.
Job lo pasó todo. Perdió lo que tenía, discutió con Dios, le pidió explicaciones. Y al final no recibe una respuesta a sus preguntas: recibe a Dios mismo.
«De ti había oído hablar, pero ahora mis propios ojos te contemplan». Esa es la distancia entre saber cosas de Dios y conocerlo.
Se puede pasar la vida entera en la primera orilla: saberse las oraciones y tener opinión sobre todo lo religioso sin haber estado nunca a solas con Él.
Jesús, en el Evangelio, se llena de alegría por algo parecido. El Padre esconde sus cosas a los sabios y entendidos, y se las revela a la gente sencilla.
Dios no está premiando la ignorancia. Para recibir hacen falta las manos vacías, y quien cree saberlo todo ya no tiene sitio para nada.
Job lo aprendió por el camino más duro. Cuando dejó de defender sus razones, por fin pudo ver.
¿Qué sabes de Dios solo de oídas? Tal vez hay cosas que llevas años repitiendo y que nunca le has dicho a Él cara a cara.
A los discípulos, Jesús les corrige además la fuente de su alegría. Lo que tiene que alegrarlos no es lo que consiguen, ni siquiera lo que hacen en su nombre. Es saber que sus nombres están escritos en el cielo.
Esa alegría no depende de que las cosas salgan bien. Por eso un mal día no te la puede quitar.
En este sábado miramos a María, la más sencilla de todas. Ella no pidió entenderlo todo antes de decir que sí, y a ella se le reveló lo que los sabios de su tiempo no vieron.
Pídele hoy que te enseñe a mirar como ella: con menos ganas de tener razón y más deseo de ver.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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