Reflexión del día

Rema mar adentro

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San Pablo desmonta hoy una tentación muy nuestra: medir la fe con la vara del mundo.

"Si alguno de ustedes se tiene por sabio en este mundo, hágase necio para llegar a ser realmente sabio", porque "la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios". No es un desprecio a la inteligencia, sino una advertencia contra la soberbia del que cree tenerlo todo resuelto por su cuenta. Y de ahí Pablo salta a una frase que ensancha el pecho: "todo es de ustedes, y ustedes son de Cristo, y Cristo es de Dios". No tenemos que aferrarnos a nada ni idolatrar a nadie, porque en Cristo ya lo hemos recibido todo.

El Evangelio pone esa sabiduría de Dios en acción, junto al lago. Pedro ha trabajado toda la noche y no ha sacado nada; está cansado, con las redes vacías y pocas ganas de repetir. Pero cuando Jesús le pide remar mar adentro, responde con una de las frases más hermosas del Evangelio: "en tu palabra echaré la red". No confía en su experiencia de pescador, que le decía que era inútil; confía en la palabra de Jesús. Y la pesca es tan grande que las redes se rompen. Así obra Dios cuando dejamos de apoyarnos solo en nuestros cálculos y nos fiamos de Él.

Ante el milagro, Pedro no se llena de orgullo: cae de rodillas y dice "apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador". Reconoce su pequeñez frente a la santidad de Jesús. Y justo a ese hombre que se sabe pecador, Jesús lo llama: "no temas; desde ahora serás pescador de hombres". Dios no elige a los que se creen perfectos, sino a los que, humildes, se reconocen necesitados de Él. Pedro y sus compañeros lo dejaron todo y lo siguieron: la respuesta al amor de Dios siempre pide soltar algo para tener las manos libres.

Hoy celebramos a san Gregorio Magno, Papa y doctor de la Iglesia, que se llamó a sí mismo "siervo de los siervos de Dios". Hombre cultísimo, puso toda su sabiduría al servicio del Evangelio: cuidó a los pobres, ordenó la liturgia y el canto de la Iglesia, y envió misioneros hasta tierras lejanas para echar allí las redes de Cristo. Fue, como Pedro, un pescador de hombres que confió en la palabra del Señor más que en sus propias fuerzas. Que su ejemplo nos anime: no te fíes solo de tu cansancio ni de tus cálculos, sino de la palabra de Jesús; reconoce con humildad que eres pecador y déjate llamar igual; y no tengas miedo de soltar lo que haga falta para seguirlo. Rema mar adentro: donde tú no sacaste nada, Él puede llenar la barca.

Mañana, otra

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