Pasaje del día

Ezequiel 34, 11-12. 15-17 · Salmo 23 (22)

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En Bendita puedes escuchar el pasaje y su salmo con una voz cálida.

Esto dice el Señor Dios:
«Aquí estoy yo: yo mismo buscaré mis ovejas y les pasaré revista. Como un pastor revisa su rebaño el día en que se encuentra en medio de sus ovejas dispersas, así revisaré yo mis ovejas, y las rescataré de todos los lugares por donde se desperdigaron un día de nubes y oscuridad.

Yo seré el pastor de mis ovejas, y yo les daré reposo —oráculo del Señor Dios—. Iré tras la que se perdió, traeré de vuelta a la que se extravió, vendaré a la que se quebró una pata y fortaleceré a la que está enferma; a la gorda y a la robusta las guardaré. Las pastorearé como es justo.

Y en cuanto a ustedes, ovejas mías, esto dice el Señor Dios: Yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carneros y chivos».

Palabra de Dios.

— Salmo 23 (22) —

R. El Señor es mi pastor; no me faltará nada.

El Señor es mi pastor;
no me faltará nada.
En prados de hierba fresca me hace descansar,
me conduce hacia aguas tranquilas
y me devuelve el aliento.

R. El Señor es mi pastor; no me faltará nada.

Me lleva por caminos de justicia,
haciendo honor a su nombre.
Aunque camine por un valle de sombra de muerte,
no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo.
Tu vara y tu cayado me dan consuelo.

R. El Señor es mi pastor; no me faltará nada.

Tú me pones la mesa
frente a los que me atacan;
me perfumas la cabeza con aceite,
y mi copa está llena hasta el borde.

R. El Señor es mi pastor; no me faltará nada.

Bondad y amor fiel me seguirán de cerca
todos los días de mi vida,
y viviré en la casa del Señor
mientras duren mis días.

R. El Señor es mi pastor; no me faltará nada.

— Segunda Lectura —
1 Corintios 15, 20-26. 28

Hermanos:

Ahora bien, Cristo fue resucitado de entre los muertos, y es el primer fruto de los que se durmieron. Porque, si por un hombre llegó la muerte, también por un hombre llega la resurrección de los muertos. Y como todos mueren en Adán, así también todos recibirán la vida en Cristo.

Pero cada uno en su turno: Cristo, el primer fruto; después, cuando él venga, los que son de Cristo. Luego vendrá el fin, cuando entregue el reino a Dios Padre, después de haber derribado todo principado, toda autoridad y todo poder. Porque es necesario que él reine hasta poner a todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo al que se le quitará todo poder es la muerte.

Y cuando todo le esté sometido, entonces también el Hijo se someterá a aquel que se lo sometió todo, para que Dios sea todo en todos.

Palabra de Dios.

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