Pasaje del día

Apocalipsis 11, 4-12 · Salmo 144 (143)

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En Bendita puedes escuchar el pasaje y su salmo con una voz cálida.

Yo, Juan, oí una voz que me decía:
«Estos dos testigos míos son los dos olivos y los dos candelabros que están de pie delante del Señor de la tierra. Si alguien quiere hacerles daño, sale fuego de su boca y devora a sus enemigos; así tendrá que morir el que quiera hacerles daño.

Ellos tienen poder para cerrar el cielo, de modo que no llueva durante los días de su profecía; y tienen poder sobre las aguas, para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda clase de plagas cuantas veces quieran.

Cuando terminen de dar su testimonio, la fiera que sale del abismo luchará contra ellos, los derrotará y les quitará la vida. Sus cadáveres quedarán tendidos en la plaza de la gran ciudad que, en lenguaje figurado, se llama Sodoma y Egipto, donde también su Señor fue crucificado.

Durante tres días y medio, gente de todos los pueblos, tribus, lenguas y naciones contempla sus cadáveres, y no deja que los sepulten. Los habitantes de la tierra se alegran por lo que les pasó, hacen fiesta y se mandan regalos unos a otros, porque estos dos profetas eran un tormento para los habitantes de la tierra».

Pero, pasados los tres días y medio, Dios les infundió un soplo de vida, y se pusieron en pie; y un gran temor cayó sobre los que los miraban. Y oyeron una voz fuerte que les decía desde el cielo:
«Suban aquí».
Y subieron al cielo en la nube, a la vista de sus enemigos.

Palabra de Dios.

— Salmo 144 (143) —

R. Bendito el Señor, mi roca.

Bendito el Señor, mi roca,
que entrena mis manos para la lucha
y mis dedos para la guerra.

R. Bendito el Señor, mi roca.

Él es mi amor fiel y mi fortaleza,
mi refugio y mi libertador,
mi escudo, en quien me amparo,
el que somete a mi pueblo bajo mi mando.

R. Bendito el Señor, mi roca.

Dios mío, te cantaré un canto nuevo,
con el arpa de diez cuerdas tocaré para ti,
a ti, que das la victoria a los reyes,
que libras a David, su siervo, de la espada maligna.

R. Bendito el Señor, mi roca.

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