Pasaje del día

Sabiduría 6, 12-16 · Salmo 63 (62)

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En Bendita puedes escuchar el pasaje y su salmo con una voz cálida.

Resplandeciente es la sabiduría, y no se marchita nunca; la descubren sin trabajo los que la aman, y la encuentran los que van tras ella. Ella misma se adelanta y se da a conocer a quienes la desean.

El que se levanta temprano para buscarla no tendrá que fatigarse: la encontrará sentada a la entrada de su casa. Pensar en ella es la madurez completa del buen juicio, y el que pasa la noche en vela por ella pronto vivirá sin preocupaciones.

Porque ella misma anda por todas partes buscando a los que son dignos de ella; en los caminos se les muestra con bondad y sale a su encuentro en todo lo que piensan.

Palabra de Dios.

— Salmo 63 (62) —

R. Señor, mi alma está sedienta de ti.

Oh Dios, tú eres mi Dios; desde el alba te busco.
Mi alma está sedienta de ti,
por ti se consume mi carne,
como tierra seca, agotada, sin agua.

R. Señor, mi alma está sedienta de ti.

Así te he contemplado en el santuario,
para ver tu poder y tu gloria.
Tu amor fiel es mejor que la vida misma;
mis labios te alabarán.

R. Señor, mi alma está sedienta de ti.

Así te bendeciré mientras viva,
alzaré mis manos invocando tu nombre.
Quedaré saciado como de manjares ricos y sabrosos,
y con labios gozosos te alabará mi boca.

R. Señor, mi alma está sedienta de ti.

Cuando me acuerdo de ti en mi lecho,
en las vigilias de la noche medito en ti,
porque tú fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto de alegría.

R. Señor, mi alma está sedienta de ti.

— Segunda Lectura —
1 Tesalonicenses 4, 13-18

Hermanos:

No queremos que estén sin saber lo que pasa con los que se han dormido, para que no se aflijan como los demás, que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, del mismo modo Dios, por medio de Jesús, reunirá con él a los que se durmieron.

Esto se lo decimos apoyados en una palabra del Señor: nosotros, los que vivamos y quedemos hasta la venida del Señor, no nos adelantaremos a los que ya se durmieron. Porque el Señor mismo, a una voz de mando, a la voz del arcángel y al son de la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán primero.

Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados con ellos en las nubes, para salir al encuentro del Señor por los aires. Y de este modo estaremos para siempre con el Señor.

Consuélense, pues, unos a otros con estas palabras.

Palabra de Dios.

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