Pasaje del día

Apocalipsis 7, 2-4. 9-14 · Salmo 24 (23)

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En Bendita puedes escuchar el pasaje y su salmo con una voz cálida.

Yo, Juan, vi a otro ángel que subía desde donde nace el sol, con el sello del Dios vivo. Gritó con voz fuerte a los cuatro ángeles a quienes se había dado poder para dañar la tierra y el mar:

«No dañen la tierra, ni el mar, ni los árboles, mientras no hayamos puesto el sello en la frente de los servidores de nuestro Dios».

Y oí cuántos eran los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil, de cada una de las tribus de los hijos de Israel.

Después de esto miré, y vi una muchedumbre inmensa, que nadie alcanzaba a contar, de toda nación y de todas las tribus, pueblos y lenguas. Estaban de pie ante el trono y ante el Cordero, envueltos en túnicas blancas y con palmas en las manos.

Y claman con voz potente:
«¡La salvación es de nuestro Dios, que se sienta en el trono, y del Cordero!».

Y todos los ángeles estaban en pie en torno al trono, a los ancianos y a los cuatro seres vivientes; y cayeron sobre su rostro ante el trono, y adoraron a Dios diciendo:
«Amén. La alabanza, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, el honor, el poder y la fuerza son de nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén».

Entonces uno de los ancianos se dirigió a mí y me dijo:
«Esos que van vestidos con túnicas blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?».

Le contesté:
«Señor mío, eso lo sabes tú».

Él me dijo:
«Son los que vienen de la gran tribulación: han lavado sus túnicas y las han blanqueado en la sangre del Cordero».

Palabra de Dios.

— Salmo 24 (23) —

R. Esa es la gente que busca tu rostro, Señor.

Al Señor pertenecen la tierra y cuanto hay en ella,
el mundo y todos sus habitantes.
Él la asentó sobre los mares,
la estableció sobre los ríos.

R. Esa es la gente que busca tu rostro, Señor.

¿Quién subirá al monte del Señor?
¿Quién podrá estar en pie en su lugar santo?
El de manos inocentes y corazón puro,
el que no pone su alma en cosas vanas.

R. Esa es la gente que busca tu rostro, Señor.

Ese recibirá la bendición del Señor,
la justicia de Dios, su salvador.
Esa es la gente que lo busca,
que busca tu rostro, Dios de Jacob.

R. Esa es la gente que busca tu rostro, Señor.

— Segunda Lectura —
1 Juan 3, 1-3

Miren qué amor tan grande nos ha regalado el Padre: que nos llamen hijos de Dios, y eso somos. Por esta razón el mundo no nos conoce: porque a él no lo conoció.

Queridos, ya desde ahora somos hijos de Dios, aunque todavía no se ha mostrado lo que vamos a ser. Sabemos que, cuando él aparezca, seremos parecidos a él, pues lo veremos tal como es.

Y todo el que pone en él esta esperanza se va purificando, como él es puro.

Palabra de Dios.

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