Oración del domingo 27 de septiembre de 2026
Los dos hijos y la viña
En Bendita puedes escucharla con una voz cálida, también con el teléfono bloqueado.
Señor mío y Dios mío,
en esta mañana de domingo, día del Señor, vengo a Ti sabiendo que lo que cuenta ante Ti no son mis palabras sino mis obras. Tú sabes, mi Dios, cuántas veces te digo que sí en la oración y luego, en la vida de cada día, hago exactamente lo contrario. Y hoy, en este día en que la Iglesia se reúne para escucharte, quiero que mi sí sea de verdad y llegue hasta los hechos. Sé, mi Señor, que Tú prefieres una obediencia tardía a una promesa bonita que nunca se cumple.
Hoy escucho en el Evangelio la parábola de aquel padre que pidió a sus dos hijos ir a trabajar a la viña. El primero respondió que no quería, pero después se arrepintió y fue; el segundo dijo "voy, señor", y al final no fue. Y cuando preguntas cuál de los dos cumplió la voluntad del padre, la respuesta es tan clara que me deja sin excusas. Porque Tú no te quedas con la primera reacción de nadie, sino que esperas pacientemente ese arrepentimiento que lo cambia todo. Y me consuela pensar que aquel hijo que dijo que no acabó siendo el que hizo la voluntad de su padre. Y añades algo que me llena de esperanza, mi Señor, cuando dices que aquellos a quienes todos miraban por encima del hombro entran antes que otros en el Reino, porque supieron creer y volver.
Hoy te pido, mi Dios, en este domingo, la coherencia de que mis obras confirmen lo que digo creer. Te suplico que, cuando me descubra habiendo dicho que no, tenga la humildad de rectificar y ponerme en camino. Y líbrame de juzgar a nadie por su primera respuesta, porque solo Tú sabes cómo terminará su historia. Te pido también por los que se sienten lejos y creen que ya no hay vuelta atrás, por los que llevan tiempo prometiendo cambiar, por los enfermos, por los ancianos y por las madres que esperan el sí de un hijo. Que ninguno se dé por vencido, porque SIEMPRE hay tiempo para arrepentirse y echar a andar hacia Tu viña. Y que mi casa sea un lugar donde se pueda rectificar sin humillación y volver a empezar con alegría. Enséñame a valorar más un paso pequeño que se da que una gran promesa que se queda en palabras. En Tus manos pongo este domingo, mi Señor, y en Tus manos pongo mis promesas para que se conviertan en obras.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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