Oración del jueves 17 de septiembre de 2026

La mujer que amó mucho

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Señor mío y Dios mío,

en esta mañana de jueves vengo a Ti sin esconder nada, sabiendo que lo que Tú esperas de mí no es perfección sino amor. Tú sabes, mi Dios, cuántas veces me acerco a Ti disimulando mis faltas, como si pudiera engañarte, cuando lo único que me pides es sinceridad. Y hoy quiero llegar hasta Ti como aquella mujer, sin excusas y sin discursos, dejando que hablen mis lágrimas y mi cariño. Sé, mi Señor, que Tú nunca desprecias a quien se acerca con el corazón abierto, por muy cargado que venga.

Hoy escucho en el Evangelio cómo aquella mujer entró en casa del fariseo, se puso detrás de Ti llorando y comenzó a bañar Tus pies con sus lágrimas y a secarlos con sus cabellos. Y me admira que Tú no la apartaras ni te avergonzaras de ella, mientras los demás la miraban por encima del hombro y murmuraban. Entonces dijiste aquella frase que lo cambia todo: "Sus muchos pecados están perdonados, porque ha amado mucho". Y me haces ver el contraste, mi Señor, entre quien cumple con las formas pero no ama, y quien ama de verdad aunque venga de muy atrás. Por último la despediste con una ternura que quisiera oír también para mí: "Tu fe te ha salvado, vete en paz". Qué bien conoces el corazón humano, mi Señor, y qué poco te impresionan las apariencias de los que se creen en orden. A ella no le pediste explicaciones ni le recordaste su pasado, solo la dejaste ir en paz.

Hoy te pido, mi Dios, la humildad de reconocerme necesitado de Tu perdón, sin justificarme ni compararme con nadie. Te suplico que ese perdón encienda en mí un amor agradecido, porque quien mucho ha recibido debería ser el primero en amar. Y líbrame de mirar por encima del hombro a quien está empezando de nuevo, recordando de dónde vengo yo. Te pido también por los que se sienten indignos de acercarse a Ti, por los que llevan años sin confesarse, por los enfermos, por los ancianos y por las madres que cargan culpas que ya perdonaste hace mucho. Que ninguno se quede lejos por vergüenza, porque a NADIE que llega llorando lo despides Tú sin la paz. En Tus manos pongo este día, mi Señor, y a Tus pies pongo mis lágrimas y todo lo que soy.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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