Oración del viernes 11 de septiembre de 2026

La viga en mi propio ojo

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Señor mío y Dios mío,

en esta mañana de viernes vengo a Ti reconociendo que necesito que Tú me enseñes antes de pretender enseñar yo a nadie. Tú sabes, mi Dios, cuántas veces doy consejos con mucha seguridad mientras en mi propia vida ando a tientas y sin resolver. Y hoy quiero pedirte la humildad de sentarme primero a Tus pies, como discípulo, antes de ponerme a corregir a los demás. Sé, mi Señor, que solo puedo acompañar a otros hasta donde Tú me hayas llevado a mí primero. Y que la mejor ayuda que puedo dar nace siempre de lo que Tú has ido sanando en mí.

Hoy escucho en el Evangelio la pregunta que me deja pensando: "¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?". Y me haces ver, mi Señor, que a veces guío desde mis propias cegueras, con más ganas de tener razón que de ayudar de verdad. Luego añades que el discípulo no es más que el maestro, y que cuando termine su aprendizaje será como su maestro. Y entiendo que mi tarea no es fabricar seguidores míos, sino dejar que Tú me formes para parecerme a Ti. Por eso me pides sacar primero la viga de mi ojo, y solo entonces veré claro para ayudar a mi hermano con la brizna del suyo. No me prohíbes ayudar, mi Señor, sino que me pides hacerlo con las manos limpias y el corazón humilde. Qué diferente suena una palabra cuando nace de quien también se sabe necesitado de perdón.

Hoy te pido, mi Dios, la verdad sobre mí mismo, esa que duele un poco pero libera, y el valor de mirarme sin excusas. Te suplico que seas Tú mi único Maestro, y que aprenda cada día de Tu paciencia, de Tu mansedumbre y de Tu manera de tratar a la gente. Y cuando tenga que ayudar a alguien, dame la delicadeza de hacerlo desde la humildad y nunca desde la superioridad. Te pido también por los que enseñan y guían, por los padres, por los catequistas, por los enfermos, por los ancianos que aconsejan con su experiencia y por las madres que educan con el ejemplo. Que ninguno guíe a ciegas, porque SOLO quien se deja iluminar por Ti puede alumbrar el camino de otro. En Tus manos pongo este día, mi Señor, y en Tus manos pongo mi mirada para que Tú la vayas curando.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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