Oración del día

Oración del Miércoles 2 de septiembre

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Señor mío y Dios mío,

en esta mañana de miércoles vengo a Ti pidiéndote que me levantes, como levantaste a aquella mujer enferma en casa de Pedro. Tú sabes, mi Dios, cuántas mañanas me cuesta empezar, con el cuerpo cansado o el ánimo caído, sintiendo que no tengo fuerzas para lo que me espera. Y hoy quiero pedirte que te acerques también a mí, me tomes de la mano y me devuelvas las ganas de servir. Sé, mi Señor, que Tú no sanas para dejarnos quietos, sino para ponernos otra vez en camino.

Hoy escucho en el Evangelio cómo entraste en casa de Simón Pedro, te acercaste a su suegra que tenía mucha fiebre, y con solo increpar a la fiebre la dejaste sana. Y me llega al alma ese detalle tan sencillo que sigue después: "Ella se levantó enseguida y se puso a servirles". Porque esa es la señal de una curación verdadera, mi Señor, que el que ha sido sanado se vuelve capaz de cuidar a otros. Al atardecer te llevaron a todos los enfermos y a cada uno le imponías las manos, sin prisa, sin descartar a nadie. Y de madrugada te retiraste a un lugar solitario, porque tu fuerza para servir nacía siempre del encuentro a solas con el Padre. Cuánto me enseña ese ritmo tuyo, mi Señor, de oración y entrega, de silencio y de servicio, sin quedarte nunca instalado en la comodidad. Después seguiste camino hacia otros pueblos, porque tu buena noticia no era para unos pocos sino para todos.

Hoy te pido, mi Dios, salud en el cuerpo y en el alma, y si la enfermedad continúa, la paz de saberme sostenido por Ti. Te suplico que, cuando me sienta mejor, no me encierre en mí mismo sino que me ponga a servir a quien lo necesita. Y dame el hábito de buscarte a solas cada mañana, como Tú lo hacías, para no vivir vacío por dentro. Te pido también por los enfermos que hoy esperan alivio, por quienes los cuidan día y noche, por los ancianos, por los que están solos y por las madres que se levantan a diario aunque estén agotadas. Que a ninguno le falte una mano que lo levante, porque Tú JAMÁS pasas de largo ante quien sufre. En tus manos pongo este día, mi Señor, y en tus manos pongo mis fuerzas para gastarlas sirviendo.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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