Oración del día

Oración del Martes 1 de septiembre

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Señor mío y Dios mío,

en esta mañana de martes vengo a Ti confiando en la fuerza de tu palabra, que puede más que todo lo que me atormenta. Tú sabes, mi Dios, cuántas veces me siento pequeño ante el mal, ante lo que me supera y ante todo aquello que roba la paz a los que amo. Y hoy quiero pedirte que hables Tú, porque una sola palabra tuya basta para devolver el orden donde reina la confusión. Sé, mi Señor, que mi confianza no está en mis fuerzas, sino en tu autoridad que sana y libera.

Hoy escucho en el Evangelio cómo enseñabas en Cafarnaún y la gente quedaba asombrada, porque hablabas con autoridad y no como los demás maestros. Y me impresiona, mi Señor, que hasta el espíritu del mal te reconociera y gritara: "Sé quién eres, el Santo de Dios", mientras tantos hombres seguían sin verte. Tú lo mandaste callar y salir de aquel hombre, y quedó libre sin hacerle daño alguno. Porque tu poder nunca destruye a la persona, sino que la libera de lo que la esclaviza. Y así todos se preguntaban qué palabra era aquella que tenía tanta fuerza, sin sospechar que eras Tú mismo la Palabra hecha carne. Qué esperanza me da saber que esa misma palabra sigue viva y sigue teniendo poder sobre lo que hoy me hace daño. No necesito gritar ni luchar por mi cuenta, mi Señor, basta con dejarte entrar y pronunciar Tú tu palabra sobre mi vida.

Hoy te pido, mi Dios, que tu palabra entre en mi vida con esa misma fuerza y arranque de mí lo que no viene de Ti. Te suplico que me libres del miedo, del rencor y de todo lo que me ata, devolviéndome la paz y la libertad de los hijos de Dios. Y dame oídos atentos para escucharte de verdad, sin acostumbrarme a tus palabras hasta hacerlas rutina. Te pido también por los que hoy se sienten dominados por algo más fuerte que ellos, por los que luchan contra una adicción, por los enfermos, por los ancianos y por las madres que sufren por un hijo. Que ninguno se dé por vencido, porque ante Ti NINGUNA esclavitud tiene la última palabra. En tus manos pongo este día, mi Señor, y en tus manos pongo todo lo que necesita ser liberado en mí.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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