Oración del día
Oración del Jueves 27 de agosto
En Bendita puedes escucharla con una voz cálida, también con el teléfono bloqueado.
Señor mío y Dios mío,
en esta mañana de jueves, en este día en que la Iglesia recuerda a santa Mónica, vengo a Ti pidiéndote un corazón despierto y perseverante. Tú sabes, mi Dios, cuántas veces vivo distraído, como si tuviera todo el tiempo del mundo, olvidando que cada día es un regalo que no vuelve. Y hoy, mirando a aquella madre que rezó y lloró durante años por la conversión de su hijo, quiero aprender su constancia y su esperanza. Sé, mi Señor, que ella no vio pronto el fruto de sus oraciones, pero jamás dejó de confiar en que Tú escuchabas.
Hoy escucho en el Evangelio tu llamada a la vigilancia, cuando dices: "Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor". Y comprendo, mi Señor, que no me pides vivir con miedo, sino con el corazón atento, haciendo bien lo que me toca cada día. Porque llamas dichoso al criado a quien su señor, al llegar, encuentra cumpliendo fielmente su tarea. Y esa es la vigilancia que quieres de mí, no una espera angustiada sino una fidelidad serena en lo cotidiano. Así vivió santa Mónica, velando con paciencia y sembrando en oración lo que solo Tú podías hacer crecer. Cuántos años esperó sin ver respuesta, y sin embargo Tú estabas trabajando en silencio el corazón de su hijo. Qué lección tan grande para mí, mi Señor, que quiero resultados rápidos y me desanimo cuando tardan en llegar.
Hoy te pido, mi Dios, la gracia de estar despierto, de no dejar para mañana el bien que puedo hacer hoy. Te suplico la perseverancia de aquella madre, para no cansarme de rezar por los que amo aunque pasen los años. Y dame la paz de saber que Tú trabajas en los corazones aunque yo no vea todavía ningún cambio. Te pido de manera especial por las madres que rezan por un hijo alejado de la fe, por los que sufren por un ser querido, por los enfermos, por los ancianos y por los que se sienten sin esperanza. Que ninguna lágrima derramada en oración se pierda, porque Tú NUNCA olvidas el llanto de una madre que suplica. Y dales la paz de dejar en tus manos lo que ya no pueden hacer por sí mismos, confiando en tu tiempo y en tu amor. En tus manos pongo este día, mi Señor, y en tus manos pongo a los que amo y espero.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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Santo RosarioLos misterios de hoy