Oración del día

Oración del Sábado 22 de agosto

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Señor mío y Dios mío,

en esta mañana de sábado, en este día en que la Iglesia celebra a Santa María Reina, vengo a Ti pidiéndote un corazón humilde como el de tu Madre. Tú sabes, mi Dios, cuántas veces busco aparentar, quedar bien y ser reconocido, gastando fuerzas en cuidar la imagen que doy a los demás. Y hoy, contemplando a María coronada como Reina precisamente por haberse llamado tu esclava, quiero aprender el camino verdadero de la grandeza. Sé, mi Señor, que en tu reino no sube el que se empuja hacia arriba, sino el que se abaja para servir.

Hoy escucho en el Evangelio cómo adviertes a los tuyos sobre quienes hacen las cosas para ser vistos y aman los primeros puestos y los saludos en las plazas. Y no lo escucho como una acusación a otros, mi Señor, sino como un espejo donde mirarme a mí mismo y revisar mis propias intenciones. Porque Tú dices con claridad: "Uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos", quitándome cualquier pretensión de superioridad. Y añades esa palabra que lo cambia todo: "El primero entre vosotros será vuestro servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido". Así fue María, que sin buscar nada para sí terminó siendo la más grande entre todas las criaturas. Ella reinó sirviendo, y su corona no nació del poder sino de un corazón entregado del todo a tu voluntad. Qué maestra tan buena me has dado, mi Señor, para aprender que lo pequeño hecho con amor es lo que de verdad vale ante Ti.

Hoy te pido, mi Dios, la humildad de servir sin buscar aplausos y de hacer el bien aunque nadie lo note. Te suplico que purifiques mis intenciones, para que lo que haga nazca del amor y no del deseo de figurar. Y que mi fe no se quede en apariencias, sino que llegue de verdad al corazón y a las obras. Por intercesión de la Virgen María, Reina y Madre nuestra, te pido por los que sirven en silencio, por los enfermos, por los ancianos, por las madres entregadas y por quienes nadie reconoce. Que ninguno se sienta pequeño ante Ti, porque a NADIE que se humilla lo dejas Tú en el olvido. En tus manos pongo este sábado, mi Señor, y de la mano de María pongo ante Ti mi deseo de servir.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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