Oración del día

Oración del Domingo 9 de agosto

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Señor mío y Dios mío,

en esta mañana de domingo, día del Señor, vengo a Ti reconociendo que muchas veces no sé reconocerte cuando llegas de un modo que yo no esperaba. Tú sabes, mi Dios, cuántas noches largas he pasado remando contra el viento, sintiendo que Tú tardabas y que la orilla nunca llegaba. Y hoy, en este día en que la Iglesia se reúne para alabarte, quiero pedirte ojos nuevos para descubrirte también en medio de mis tormentas. Sé, mi Señor, que la fe no consiste en vivir sin dificultades, sino en descubrir que Tú caminas hacia mí precisamente cuando arrecian.

Hoy escucho en el Evangelio cómo, en lo más oscuro de la noche, te acercaste caminando sobre el mar, y los tuyos, al verte, se asustaron creyendo que eras un fantasma. Y me duele reconocerme ahí, mi Señor, porque también yo he confundido tu paso con una amenaza, y he tenido miedo justo cuando venías a salvarme. Pero enseguida les hablaste con esa ternura que todo lo cambia: "Ánimo, soy yo, no tengáis miedo". Y en cuanto subiste a la barca, el viento amainó y los tuyos se postraron diciendo: "Realmente eres Hijo de Dios". Porque toda tormenta que se atraviesa contigo termina en adoración y no en naufragio. Y me consuela saber que, mientras los tuyos remaban en la oscuridad, Tú estabas en el monte orando por ellos, como oras también por mí.

Hoy te pido, mi Dios, en este domingo, la gracia de reconocer tu voz entre tantos ruidos y tu paso entre tantos miedos. Te suplico que cuando la noche se alargue no dude de Ti, sino que espere confiado tu llegada, sabiendo que nunca me dejas a la deriva. Y dame un corazón que sepa adorarte también en medio de la prueba, y no solo cuando todo va bien. Enséñame a buscarte en el silencio y en la brisa suave, y no solo en las cosas grandes y ruidosas donde a veces te busco en vano. Te pido también por los que hoy reman contra el viento, por las familias que atraviesan horas difíciles, por los enfermos, por los ancianos y por las madres que velan en silencio por los suyos. Que a ninguno le falte tu palabra de aliento, porque a NADIE que navega contigo lo dejas hundirse en la noche. En tus manos pongo este domingo, mi Señor, y en tus manos pongo mi barca para que Tú la lleves a buen puerto.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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