Oración del día

Oración del Sábado 8 de agosto

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Señor mío y Dios mío,

en esta mañana de sábado, en este día en que la Iglesia recuerda a santo Domingo de Guzmán, vengo a Ti con mi fe pequeña, pidiéndote que Tú la hagas crecer. Tú sabes, mi Dios, cuántas veces me siento impotente ante los problemas de los míos, incapaz de aliviar el sufrimiento de quienes amo. Y hoy, al amparo de tu Madre Santísima, quiero acercarme a Ti como aquel padre angustiado que te suplicó por su hijo enfermo. Sé, mi Señor, que no me pides una fe perfecta, sino una fe verdadera, aunque sea del tamaño de un grano de mostaza.

Hoy escucho en el Evangelio cómo aquel hombre se acercó de rodillas diciendo: "Señor, ten compasión de mi hijo", y cómo Tú lo sanaste cuando los discípulos no habían podido. Y me reconozco en esos discípulos, mi Señor, que lo intentaron con sus fuerzas y fracasaron, porque tantas veces yo también quiero resolverlo todo sin contar contigo. Cuando te preguntaron por qué no habían podido, respondiste con claridad que era por su poca fe. Y añadiste esa promesa que me llena de esperanza: "Si tuvierais fe como un grano de mostaza, nada os sería imposible". Tú no me pides grandes certezas, sino una confianza pequeña y viva que se atreva a ponerlo todo en tus manos. Y me consuela ver que aquel padre no ocultó su debilidad, sino que te la presentó tal cual, y así encontró en Ti la salud de su hijo.

Hoy te pido, mi Dios, que aumentes mi fe, esa fe humilde que mueve montañas porque se apoya en tu poder y no en el mío. Te suplico por los hijos que sufren y por los padres que se desviven por ellos sin saber ya qué hacer. Y dame, como a santo Domingo, un corazón que sepa unir la oración y la entrega a los demás. Por intercesión de la Virgen María, Madre de todos los que sufren, te pido por los enfermos, por los niños que padecen, por los ancianos y por las madres que velan noches enteras junto a los suyos. Que ninguno se sienta abandonado, porque para Ti NADA es imposible cuando se te confía con fe. Y cuando yo no pueda hacer más por los que amo, recuérdame que ponerlos en tus manos es ya lo más grande que puedo hacer. En tus manos pongo este sábado, mi Señor, y de la mano de María pongo ante Ti mi poca fe para que Tú la hagas fuerte.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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