Oración del día

Oración del Miércoles 5 de agosto

4 minLeer es gratisAudio con Bendita Pro

En Bendita puedes escucharla con una voz cálida, también con el teléfono bloqueado.

Señor mío y Dios mío,

en esta mañana de miércoles vengo a Ti con la insistencia de aquella mujer que no se cansó de suplicarte por su hija enferma. Tú sabes, mi Dios, cuántas veces me desanimo cuando parece que no me escuchas, cuántas veces dejo de pedir porque la respuesta tarda en llegar. Hoy quiero aprender de aquella madre a no rendirme, a seguir llamando a tu puerta con humildad y confianza aunque el silencio me pese. Sé, mi Señor, que tu tardanza nunca es desamor, sino una manera de hacer más honda y verdadera mi confianza en Ti.

Hoy escucho en el Evangelio cómo aquella mujer, que ni siquiera era del pueblo de Israel, se acercó a Ti postrándose y diciendo simplemente: "Señor, ayúdame". Y me conmueve su humildad, mi Señor, porque no reclamó derechos ni méritos, sino que se conformó con las migajas de tu bondad, sabiendo que hasta lo más pequeño tuyo basta. Y Tú, admirado, le respondiste: "Mujer, qué grande es tu fe, que se cumpla lo que deseas", y su hija quedó sana desde aquel momento. Porque tu corazón no conoce fronteras ni distingue entre pueblos, sino que se inclina ante quien te busca con fe verdadera. Y me enseñas que la oración perseverante, humilde y confiada siempre encuentra abierta la puerta de tu misericordia. Qué consuelo saber, mi Señor, que una madre que suplica por su hijo toca siempre lo más hondo de tu corazón.

Hoy te pido, mi Dios, la fe insistente de aquella mujer, esa que no se rinde ante el silencio ni se ofende ante la espera. Te suplico por las personas que amo y que sufren, poniendo sus nombres en tus manos con la misma confianza con que ella puso el de su hija. Y dame la humildad de acercarme a Ti sin exigir nada, sabiendo que todo lo que recibo es puro regalo de tu bondad. Te pido también por las madres que sufren por un hijo enfermo o perdido, por los que llevan años pidiendo lo mismo, por los enfermos y por los ancianos que rezan en silencio. Que ninguno pierda la esperanza, porque Tú NUNCA desoyes el clamor de un corazón que confía. Y enséñame a esperar tu respuesta sin poner condiciones ni plazos, sabiendo que Tú das siempre lo mejor y en el momento justo. En tus manos pongo este día, mi Señor, y en tus manos pongo mis súplicas para que las escuches a tu tiempo.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

También hoy