Oración del día
Oración del Viernes 31 de julio
En Bendita puedes escucharla con una voz cálida, también con el teléfono bloqueado.
Señor mío y Dios mío,
en esta mañana de viernes, en este día en que la Iglesia recuerda a san Ignacio de Loyola, vengo a Ti pidiéndote un corazón abierto que no te ponga límites. Tú sabes, mi Dios, cuántas veces, como los de Nazaret, dejo de reconocerte porque creo saber ya quién eres, y así cierro la puerta a tus sorpresas. Y hoy, mirando a Ignacio, que un día lo dejó todo para amarte y servirte, quiero pedirte una fe nueva que te deje actuar en mí. Reconozco, mi Dios, que muchas veces te encierro en mis ideas y mis costumbres, y así me pierdo las maravillas que quieres regalarme.
Hoy escucho en el Evangelio cómo, en tu propia tierra, la gente se admiraba de tus palabras pero no creía en Ti, y por eso "no hizo allí muchos milagros, por su falta de fe". Y me estremece, mi Señor, pensar que también mi falta de fe puede atar tus manos y cerrarme a las maravillas que quieres hacer en mi vida. Tú no te impones nunca, sino que respetas mi corazón y esperas mi confianza para poder obrar en él. Qué pena sería, mi Señor, tenerte tan cerca y no reconocerte, como les pasó a los que te vieron crecer y no creyeron. Como Ignacio, que aprendió a buscarte en todas las cosas y a amarte y servirte, también yo quiero abrirte del todo mi vida.
Hoy te pido, mi Dios, que aumentes mi fe y me libres de la costumbre que apaga el asombro ante tu presencia. Te suplico un corazón disponible, dispuesto a dejarme sorprender por Ti y a seguirte adonde me lleves. Que aprenda, como Ignacio, a buscarte y encontrarte en todas las cosas, haciendo de cada momento una ocasión para amarte y servirte. Te pido también por los que se han acostumbrado a Ti hasta olvidarte, por los que dudan, por los enfermos, por los ancianos y por las madres que sostienen la fe de su familia. Que a ninguno le falte la fe que abre tu corazón, porque Tú NUNCA te cansas de venir al encuentro de quien te busca. Y ayúdame a reconocerte en lo cercano y cotidiano, en las personas de siempre y en los momentos sencillos donde también quieres hablarme. En tus manos pongo este día, mi Señor, y en tus manos pongo mi poca fe para que Tú la hagas crecer.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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