Oración del día
Oración del Sábado 27 de junio
En Bendita puedes escucharla con una voz cálida, también con el teléfono bloqueado.
Señor mío y Dios mío,
en esta mañana de sábado vengo a Ti con el corazón de aquel centurión que, reconociéndose pequeño, se atrevió a confiar plenamente en tu palabra. Tú sabes, mi Dios, cuántas veces me he creído digno por mis propios méritos y cuántas otras me he sentido tan indigno que ni siquiera me he atrevido a acercarme a Ti. Y en este día dedicado a tu Madre Santísima, quiero aprender de María a fiarme de Ti con sencillez, diciéndote también yo que se haga en mí según tu palabra. Ella, que nunca dudó de tu promesa, me enseña que la fe no es entenderlo todo, sino abandonarse confiado en tus manos.
Hoy escucho en el Evangelio cómo aquel centurión te dijo: "Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo, basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano". Y me admira, mi Señor, que un extranjero, un hombre de fuera del pueblo elegido, te conmoviera tanto que dijeras que en nadie habías encontrado una fe tan grande. Porque Tú no miras los títulos ni las apariencias, sino la humildad de un corazón que se fía de tu sola palabra. Como hizo María, que creyó sin entenderlo todo, también yo quiero confiar en que tu palabra basta para sanar lo que llevo roto por dentro. No necesito grandes señales, mi Señor, sino la certeza de que cuando Tú hablas, tu palabra se cumple y trae vida donde había muerte.
Hoy te pido, mi Dios, una fe humilde y verdadera como la de aquel centurión, capaz de confiar en Ti aunque no vea, aunque no entienda. Te suplico que pronuncies tu palabra sanadora sobre las personas que amo y que sufren, porque sé que basta una palabra tuya para devolverles la vida. Líbrame, mi Dios, de creerme superior a los demás, y dame la sencillez del que sabe que todo lo recibe de Ti como un regalo. Por intercesión de tu Madre, Madre nuestra y consuelo de los afligidos, te pido por los enfermos, por los ancianos solos, por las madres cansadas y por todos los que esperan en silencio un gesto de tu ternura. Que ninguno dude JAMÁS de que Tú escuchas y de que tu compasión se inclina sobre los humildes. En tus manos pongo este sábado, mi Señor, y de la mano de María pongo ante Ti mi corazón.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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