Oración del día

Oración del Viernes 26 de junio

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Señor mío y Dios mío,

en esta mañana de viernes vengo a Ti como aquel leproso que se acercó con humildad, consciente de mis heridas y de todo lo que en mí necesita ser sanado. Tú conoces, mi Dios, esas heridas que no se ven, los rencores que guardo, los miedos que me paralizan y las culpas que cargo en silencio. Hoy me arrodillo ante Ti y, con la misma confianza de aquel hombre, me atrevo a decirte que si Tú quieres, puedes limpiarme y devolverme la paz. No vengo con méritos en las manos, mi Dios, sino con mi pobreza abierta a tu misericordia, porque sé que Tú nunca desprecias un corazón humilde. Tantas veces he intentado curarme yo solo, escondiendo lo que me duele, y hoy aprendo que la verdadera sanación empieza cuando me dejo mirar por Ti.

Hoy escucho en el Evangelio cómo aquel leproso, despreciado por todos, se acercó a Ti y te dijo: "Señor, si quieres, puedes limpiarme", y Tú, lejos de apartarte, extendiste la mano y lo tocaste. Cuánto me conmueve, mi Señor, que no temieras tocar lo que todos evitaban, que tu respuesta fuera un "quiero, queda limpio" lleno de ternura. Porque Tú no me miras con distancia ni con rechazo, sino que te acercas a lo más enfermo de mí para sanarlo con tu amor. Y comprendo que tu voluntad siempre es de vida, que nunca te cansas de tender tu mano hacia quien se reconoce necesitado de Ti.

Hoy te pido, mi Dios, que toques con tu mano cada herida de mi alma, que limpies lo que me separa de Ti y de los demás. Te suplico la humildad de reconocer mis miserias sin esconderlas, y la confianza de creer que en Ti todo puede ser sanado. Dame también, mi Señor, un corazón que sepa acercarse a los que están heridos, sin juzgarlos ni apartarme de ellos, tendiendo la mano como Tú la tendiste. Te pido también por los que hoy se sienten apartados y rechazados, por los enfermos que cargan su dolor en cuerpo y alma, por los ancianos olvidados y por las madres que sufren en silencio por sus hijos. Que cada uno sienta el roce de tu mano sanadora y descubra que para Ti NADIE es impuro ni indigno de amor. En tus manos pongo este día, mi Señor, y en tus manos pongo todo lo que en mí necesita ser sanado.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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