Oración del día

Oración del Lunes 8 de junio

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Señor mío y Dios mío,

en esta mañana de lunes comienzo una nueva semana con un corazón que muchas veces busca la felicidad en lugares equivocados, persiguiendo cosas que prometen mucho y luego dejan vacío, ilusiones que se desvanecen y sueños que se quedan cortos cuando finalmente se cumplen. Tú sabes, mi Dios, cuántas veces me he convencido de que sería feliz si tuviera más, si lograra esto o aquello, si los demás me reconocieran, y cómo, al alcanzarlo, descubro que ese tipo de felicidad nunca termina de llenarme. Pero Tú, Señor, me has enseñado un camino completamente distinto, un camino que parece al revés de lo que el mundo dice, pero que es el único que de verdad lleva a la felicidad verdadera y duradera.

Hoy escucho en el Evangelio cómo Tú, subiendo al monte, abriste la boca y comenzaste a enseñar a tus discípulos diciendo: "Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos, bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados, bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios". Esas palabras tuyas, mi Dios, ponen mi vida en orden y me descolocan al mismo tiempo, porque me hacen ver que lo que yo busco para ser feliz muchas veces está muy lejos de lo que Tú llamas "bienaventuranza". Yo busco abundancia, y Tú me bendices en la pobreza de espíritu; yo huyo del llanto, y Tú prometes consuelo a quien llora; yo quiero seguridad, y Tú me llamas a tener hambre y sed de justicia.

Hoy te pido, mi Dios, que conviertas mi corazón al camino de las Bienaventuranzas. Que aprenda a ser pobre por dentro, capaz de depender de Ti; manso, capaz de no responder con dureza; misericordioso, capaz de perdonar; limpio de corazón, capaz de mirar la vida con ojos transparentes; y constructor de paz allí donde otros levantan muros. Te pido también, Señor, por todas las personas que hoy lloran sin consuelo, por las que sufren persecución por hacer el bien, por las que tienen el corazón limpio en medio de un mundo cínico. Diles, mi Dios, que SIEMPRE serán bienaventuradas a tus ojos y que su recompensa será grande en el cielo. Pongo esta semana en tus manos, queriendo aprender a ser feliz como Tú me enseñas.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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