Oración del día
Oración del Jueves 7 de mayo
En Bendita puedes escucharla con una voz cálida, también con el teléfono bloqueado.
Dios Todopoderoso,
tu Hijo dijo las palabras más exigentes y más hermosas que jamás he escuchado sobre la vida espiritual, Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. Todo sarmiento que no da fruto en mí, lo corta, y todo el que da fruto, lo poda para que dé más fruto.
La poda. Señor, confieso que le tengo miedo a tu tijera. Porque tú no podas lo muerto, eso simplemente lo cortas y lo echas al fuego sin ceremonia. Tú podas lo que está vivo, lo que ya da fruto, lo que va bien por fin después de tanto esfuerzo. Y lo podas precisamente para que dé MÁS. Eso significa que algunas de mis pruebas más dolorosas no son castigo sino cultivo, no son abandono sino atención del viñador que sabe exactamente qué rama necesita recortar.
Pero duele igual, Señor. Duele cuando me quitas algo que yo creía necesario para vivir. Duele cuando cierras una puerta que yo estaba seguro de que tú habías abierto con tu propia mano. Duele cuando me arrancas ramas que yo consideraba mis mejores logros, mis frutos más impresionantes. Y en medio del dolor, la pregunta vuelve a clavarse como espina, ¿me estás castigando o me estás cultivando?.
Sin mí, dijiste, no pueden hacer nada. Nada que valga la pena, nada que dure más allá del momento, nada que tenga raíz suficiente para sobrevivir la primera tormenta. Puedo producir hojas impresionantes por mi cuenta, ramas que se ven frondosas y exitosas desde lejos, pero sin tu savia corriendo por dentro es pura apariencia destinada a secarse con el primer viento fuerte que sople.
Mientras tanto, en Jerusalén la comunidad debatía con pasión quién podía entrar y quién no, qué requisitos poner a los nuevos y qué cargas exigirles antes de aceptarlos. Pablo y Bernabé llevaron la pregunta al concilio porque el futuro de la misión entera dependía de la respuesta. ¿Se puede pertenecer a Cristo sin pasar primero por las reglas antiguas que ni los de adentro pudieron cumplir?. La pregunta sigue viva hoy, en cada comunidad que debe decidir entre la comodidad de la tradición y la libertad incómoda de la gracia.
Padre, quiero permanecer en la vid. No colgarme de ella cuando me conviene y soltarme cuando me pide demasiado o me duele la poda. Permanecer. Quedarme injertado en tu Hijo aunque el fruto tarde más de lo que yo quisiera y aunque los demás sarmientos produzcan más rápido y más bonito que yo.
Bendito seas, viñador paciente que no arranca lo que todavía puede florecer y que poda con amor lo que ya FLORECE.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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