Oración del día

Oración del Miércoles 6 de mayo

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Padre bueno,

Pablo fue apedreado en Listra y lo arrastraron fuera de la ciudad dándolo por muerto. Las mismas manos que días antes querían adorarlo como dios ahora le tiraban piedras para matarlo. Así de rápido cambia la opinión del mundo, así de poco confiable es el aplauso humano. Pero cuando los discípulos se reunieron a su alrededor, Pablo se levantó, se sacudió el polvo y la sangre, y al día siguiente siguió caminando como si la muerte no tuviera la última palabra.

Después, Pablo les dijo a los suyos algo que me cuesta aceptar con el corazón aunque lo entienda con la cabeza, es necesario pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios. Necesario. No probable, no posible, no ocasional. Necesario.

Señor, yo quiero el Reino sin la tribulación. Quiero la corona sin la cruz, la cosecha sin la siembra en tierra dura, la resurrección sin el viernes de sangre y clavos. Quiero llegar al destino saltándome el tramo del camino que duele. Y tú me dices que no funciona así, que el dolor no es un error del sistema sino parte del diseño.

Pero también dijiste algo que equilibra el peso de esa verdad tan dura, Mi paz les dejo, mi paz les doy. No como la da el mundo. Porque la paz del mundo es ausencia de problemas, y esa paz no existe más que en los sueños y las fantasías. Tu paz es presencia tuya en medio del problema. Es caminar sobre las piedras que me tiraron y seguir de pie porque tú me sostienes por dentro aunque por fuera todo sangre y todo duela.

No se turbe su corazón ni tenga miedo. Dijiste eso sabiendo exactamente lo que venía después. Sabiendo que la noche más oscura estaba a horas de distancia, que la traición ya estaba sentada a la mesa compartiendo el pan, que las piedras y los clavos y la lanza eran cuestión de tiempo. Y aun así, paz. Una paz que no tenía explicación lógica ni sentido humano.

Padre, hoy no te pido que me quites las tribulaciones porque sé que algunas son NECESARIAS para moldearme y para enseñarme lo que la comodidad jamás podría enseñar. Te pido tu paz para atravesarlas sin perder la fe ni la dirección ni las ganas de seguir adelante. La paz que Pablo tenía cuando se levantó del suelo ensangrentado y decidió que la misión valía más que la comodidad de quedarse tirado llorando por sus heridas.

Gloria a ti, Dios que da paz donde el mundo da pánico y que levanta a los que el odio da por MUERTOS.

Amén.

Mañana, otra

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