Oración del día

Oración del Lunes 4 de mayo

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En Bendita puedes escucharla con una voz cálida, también con el teléfono bloqueado.

Dios mío,

tu Hijo prometió que el que lo ama guardará su palabra, y que tú y él vendrán a hacer morada en esa persona. Morada. No visita de cortesía que dura una hora, no paso fugaz que se olvida al día siguiente, no presencia condicional que depende de mi buen comportamiento, MORADA. Un quedarse permanente, un habitar sin fecha de salida, un echar raíces en lo más hondo de quien te recibe con sinceridad.

Señor Jesús, quiero que mi corazón sea tu casa. No un hotel donde te alojas cuando me conviene y te echo cuando estorbas mis planes, sino un hogar donde te quedas con todo lo que soy. Con mis desórdenes y mis silencios, con mis días luminosos y mis noches largas, con lo que muestro con orgullo y lo que escondo con vergüenza detrás de la puerta que no abro para nadie.

En Listra, Pablo y Bernabé sanaron a un hombre que nunca había caminado, que había pasado toda su vida mirando a los demás moverse mientras él se quedaba en el mismo lugar. Y la multitud, asombrada ante lo que veía, quiso adorarlos como dioses y traer guirnaldas y sacrificios en su honor. Pero ellos rasgaron sus vestiduras y gritaron con urgencia, somos hombres iguales a ustedes, de la misma pasta, con las mismas debilidades. Les anunciamos que se conviertan al Dios vivo que hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos. No vinieron a robar la gloria que solo te pertenece a ti ni a vestirse con honores que no les correspondían.

Padre, la tentación del protagonismo me ronda más de lo que quisiera admitir en voz alta. Cuando algo sale bien, mi primer impulso es recibir el aplauso en vez de señalar hacia ti. Cuando la gente elogia lo que hago, me cuesta rasgar la vestidura del ego y decir con honestidad sincera, no soy yo, es él quien actúa a través de mí. Me acomodo en el centro del escenario cuando mi lugar está entre bastidores, sirviendo sin letrero.

Enséñame la libertad de Pablo, que no quiso la gloria que no le correspondía. Que prefirió ser siervo a ser ídolo, mensajero a ser mensaje, instrumento a ser protagonista. Que cuando intentaron coronarlo, señaló al cielo sin dudar y dijo, allá arriba está el que merece TODA la adoración y toda la honra.

Ven, Señor, con el Padre y haz tu morada en mí. Que el Espíritu Santo me enseñe todo y me recuerde cada palabra que tú dijiste para que no viva de memoria sino de presencia.

A ti sea el honor, Dios vivo que hace caminar a los que NUNCA pudieron dar un paso.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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