Oración del día
Oración del Domingo 3 de mayo
En Bendita puedes escucharla con una voz cálida, también con el teléfono bloqueado.
Señor resucitado,
hoy es domingo y tu Iglesia se reúne como piedras vivas que tú vas colocando una sobre otra para construir un templo espiritual que no se derrumba. Yo soy una de esas piedras. Pequeña, irregular, con grietas y bordes ásperos que no encajan fácil con las demás. Pero tú me elegiste igual, sabiendo exactamente cómo soy, con todos mis defectos visibles y los que escondo.
Tu Hijo repitió hoy esas palabras que me estremecen cada vez que las escucho como si fuera la primera vez, Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie va al Padre sino por mí. Felipe le pidió que les mostrara al Padre, como si todo lo que habían caminado juntos no fuera suficiente evidencia, y tú le respondiste con una ternura que casi suena a reproche, ¿Tanto tiempo llevo con ustedes y todavía no me conoces, Felipe?. El que me ha visto a mí ha visto al Padre.
Señor, yo soy Felipe. Llevo años caminando contigo y a veces sigo pidiéndote pruebas de lo que ya me mostraste mil veces. Sigo buscándote donde no estás, en lo espectacular y lo extraordinario, ignorando que te tengo delante en el prójimo cotidiano, en la Eucaristía de cada domingo, en la Palabra que me habla cada día si me detengo a escucharla. ¿Cuánto tiempo más necesito para reconocerte en lo que ya está aquí, en lo que siempre estuvo aquí?.
Los apóstoles en la primera lectura eligieron servidores para atender a los necesitados, y la Palabra siguió creciendo como río que nadie puede represar. Creció porque el servicio hizo espacio para la predicación y la predicación dio sentido al servicio. Creció porque nadie acaparó todas las funciones sino que cada uno ocupó su lugar con humildad y sin envidia. Creció porque la comunidad funcionó como cuerpo vivo y no como espectáculo de una sola persona con público pasivo.
Padre, muéstrame mi lugar en tu templo. No pretendo ser la piedra angular, esa es tu Hijo y solo él puede serlo. Pero quiero ser una piedra que sostenga algo, que sirva para algo, que esté bien colocada donde tú la quieras y no donde yo la prefiera por comodidad o por orgullo. Una piedra que no estorbe el paso sino que sostenga al que viene detrás y le haga más fácil el camino.
Tu pueblo sacerdotal, tu nación santa, tu pueblo adquirido para proclamar tus MARAVILLAS. Eso somos. Eso soy, no por mérito propio sino por pura gracia que me sobrepasa y me envuelve.
Bendito seas, Dios que construye templos con piedras imperfectas y hace maravillas con lo que el mundo descarta como inservible.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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