Oración del día

Oración del Sábado 2 de mayo

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En Bendita puedes escucharla con una voz cálida, también con el teléfono bloqueado.

Padre bueno,

Pablo y Bernabé hablaron con valentía cuando los rechazaron. Dijeron que era necesario que la Palabra de Dios les fuera anunciada primero a ellos, pero ya que la rechazaban y se juzgaban indignos de la vida eterna, se volvían hacia los que sí la recibirían. No suplicaron, no insistieron con desesperación, no rebajaron el mensaje para hacerlo más digerible. Sacudieron el polvo de los pies y siguieron adelante con dolor pero sin duda.

Señor, ¿cuántas veces he rechazado tu Palabra por familiar?. La escucho y asiento con la cabeza como quien ya la sabe de memoria, pero no le doy entrada al corazón donde realmente necesita llegar. La reconozco sin recibirla. La respeto sin obedecerla. La guardo en la memoria como un dato más pero no en la vida como una brújula, y hay un abismo enorme entre esos dos lugares.

Tu Hijo dijo que el que lo ha visto a él ha visto al Padre. Y que haríamos obras incluso mayores que las suyas, porque él iba al Padre y desde allá enviaría su Espíritu. Obras mayores. No por mérito nuestro ni por capacidad humana que impresione, sino por el poder de tu Espíritu actuando a través de manos frágiles como las mías. Manos que tiemblan, manos que dudan, manos que a veces se cierran en puño cuando deberían abrirse para dar.

Los que sí recibieron la Palabra se llenaron de gozo y del Espíritu Santo. La alegría no vino con la comodidad ni con las circunstancias favorables sino con la aceptación de una verdad que lo cambiaba todo. Vinieron problemas también, persecución también, pero el gozo era más profundo que los problemas y más fuerte que la amenaza. Padre, quiero esa alegría que no depende de las circunstancias sino de haber dicho SÍ a tu verdad con todo lo que eso implica. Esa que nadie puede quitarme porque no vino de afuera sino de adentro, del lugar donde tú habitas.

Madre santa, en este sábado te pido que intercedas por quienes aún no han escuchado la Palabra que salva y que transforma. Por los que la buscan sin saber su nombre y por los que la tuvieron cerca y la dejaron ir creyendo que encontrarían algo mejor. Que tu ternura materna alcance a los que están lejos y les muestre el camino de vuelta a casa donde el Padre espera con los brazos abiertos.

Dios mío, que yo no rechace lo que tú me ofreces hoy. Que reciba TODO con manos abiertas y corazón dispuesto.

A ti la gloria, ahora y SIEMPRE.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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