Oración del día
Oración del Miércoles 22 de abril
En Bendita puedes escucharla con una voz cálida, también con el teléfono bloqueado.
Dios de mis padres,
la persecución dispersó a los primeros creyentes por toda Judea y Samaria. Lo que parecía destrucción fue siembra. Lo que el enemigo planeó como final, tú lo usaste como principio. Los que huyeron no huyeron vacíos. Llevaban tu Palabra en la boca y tu fuego en el pecho, y donde pisaban brotaba algo nuevo.
Padre, hay cosas en mi vida que se rompieron y que yo interpreté como castigo o fracaso. Planes que no salieron como los diseñé, puertas que se cerraron sin previo aviso, caminos que se cortaron cuando yo creía que recién empezaban. Relaciones que terminaron dejándome con preguntas sin respuesta, proyectos que murieron a medio camino, sueños que se quedaron en borrador y nunca llegaron a la página final. ¿Y si lo que yo llamé derrota era en realidad tu manera de llevarme a donde nunca habría ido por voluntad propia?. ¿Y si la dispersión era el método y no el problema?. ¿Y si hacía falta que algo se rompiera para que algo mejor pudiera nacer?.
Tu Hijo prometió que no perdería NADA de lo que el Padre le dio. Nada. Ni una sola oveja, ni un solo hijo, ni un solo fragmento de lo que me pertenece en ti. Esa promesa me sostiene cuando todo lo demás se tambalea. Cuando parece que he perdido demasiado y no queda con qué reconstruir, tú me dices que nada se ha perdido de verdad.
Felipe llegó a Samaria huyendo de la persecución y allí proclamó a Cristo con poder. Los enfermos sanaban, los espíritus se rendían, y la ciudad entera se llenó de una alegría que nadie esperaba encontrar en medio de la crisis. La alegría nació del dolor. La cosecha vino del exilio. Lo más hermoso creció en la tierra que nadie habría elegido para plantar.
Señor, dame ojos para ver la siembra donde yo solo veo tierra quemada. Ayúdame a confiar en que tú no desperdicias nada de lo que toco, de lo que vivo, de lo que sufro. Ni mis errores, ni mis lágrimas, ni mis años de desierto. Todo lo reciclas, todo lo redimes, todo lo conviertes en material de construcción para algo que yo todavía no puedo ver pero que tú ya diseñaste.
Haz de cada dispersión un nuevo comienzo. De cada pérdida, una puerta que se abre hacia un lugar MEJOR.
Gloria a ti, Dios que transforma el destierro en misión y la ceniza en jardín donde florece lo imposible.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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