Oración del día

Oración del Martes 21 de abril

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En Bendita puedes escucharla con una voz cálida, también con el teléfono bloqueado.

Señor Jesús,

tú dijiste que eres el pan de vida y que el que viene a ti no tendrá hambre NUNCA. Pero yo sigo teniendo hambre. Hambre de sentido, hambre de paz, hambre de saber que todo esto no es en vano. Hambre de algo que no sé nombrar pero que me duele cuando falta y que ninguna distracción logra callar por mucho tiempo.

Y tal vez esa hambre no es señal de que me faltes, sino de que te necesito más de lo que admito. El cuerpo avisa cuando no ha comido. Quizás el alma también avisa, y lo que yo confundo con vacío es en realidad un llamado a sentarme a tu mesa. A dejar de buscar en los estantes equivocados lo que solo se encuentra en tu presencia. A dejar de masticar sustitutos que llenan la boca pero no el corazón.

Hoy tu Palabra me lleva hasta Esteban, que murió con los ojos abiertos hacia el cielo. Mientras las piedras le destrozaban el cuerpo, él miraba hacia arriba y veía tu gloria. Veía al Hijo de pie a la derecha del Padre, como si se hubiera levantado del trono para recibir a su testigo. Y las últimas palabras de Esteban no fueron de venganza sino de perdón, Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Las mismas palabras que tú pronunciaste en la cruz, Esteban las repitió desde el suelo ensangrentado, como si tu Espíritu le hubiera prestado tu propia boca.

Padre, yo no sé si tendría esa capacidad. Me cuesta perdonar ofensas pequeñas, mucho más las que dejan herida abierta. Cargo rencores viejos como si fueran trofeos, y les doy vueltas en la cabeza como si repasarlos fuera a cambiar algo. Mantengo listas mentales de agravios que nadie me pidió llevar, y las repaso cuando no puedo dormir. Pero Esteban no perdonó con sus propias fuerzas. Perdonó porque estaba lleno de ti, y quien está lleno de ti no tiene espacio para el rencor ni combustible para el odio.

Llena los espacios vacíos que cargo hoy. Los que ocupan la amargura, la queja, el resentimiento callado que no le muestro a nadie pero que me come por dentro como un ácido lento. Que donde hay hambre de paz, tú seas el pan que la sacia. Que donde hay sed de justicia, tú seas el agua que no se agota. Que donde hay piedras de odio, tú pongas la locura del perdón que solo puede nacer de alguien que ha sido perdonado primero.

Bendito seas, pan vivo que bajó del cielo para darle vida al mundo. Pan que se parte sin quejarse para que TODOS comamos y nos saciemos.

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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