Oración del día
Oración del día - Domingo 19 de abril
En Bendita puedes escucharla con una voz cálida, también con el teléfono bloqueado.
Señor resucitado,
camina conmigo hoy aunque yo no te reconozca. Porque hay días en que voy por la vida como aquellos dos discípulos rumbo a Emaús, con el corazón roto, la esperanza a medio morir y los ojos nublados por la decepción. Hablo de ti sin darme cuenta de que estás a mi lado. Cuento mis penas sin sospechar que el que escucha es el mismo que puede resolverlas.
Nosotros esperábamos, dijeron ellos. Esperábamos que tú fueras el que iba a redimir a Israel. Cuántas veces he dicho yo algo parecido. Yo esperaba que esto saliera bien. Yo esperaba que la situación cambiara. Yo esperaba sentir tu presencia y lo único que sentí fue silencio. La esperanza rota pesa más que la desesperanza, porque la desesperanza nunca apostó por nada, pero la esperanza lo arriesgó TODO y perdió.
Y sin embargo, tú seguías caminando a mi lado. En el silencio, en la confusión, en los kilómetros de incertidumbre. No te fuiste cuando yo dejé de buscarte. No me abandonaste cuando yo decidí que tú me habías abandonado. Estabas ahí, disfrazado de extraño, haciéndome las preguntas que necesitaba escuchar.
Padre, abre las Escrituras para mí como tu Hijo las abrió para Cleofás. Hazlas arder dentro de mi pecho. Que tu Palabra no sea texto muerto que leo por costumbre, sino fuego vivo que me calienta las entrañas y me devuelve las ganas de creer. Porque cuando el corazón arde, los pies recobran dirección. Aquellos dos volvieron corriendo a Jerusalén en plena noche, olvidados del cansancio, porque habían reconocido al Señor.
Y lo reconocieron al partir el pan. En el gesto más sencillo, en la mesa más humilde, en la repetición de algo que ya habían vivido con él. Señor Jesús, que yo también te reconozca en lo cotidiano. En el pan de cada día, en la mesa compartida, en el sacramento que me espera cada domingo. No necesito milagros espectaculares para encontrarte. Te encuentro donde SIEMPRE has estado, en lo pequeño, en lo partido, en lo entregado.
Tú que fuiste rescate para mi alma, no con oro ni plata que se corroen, sino con tu propia sangre derramada, hazme vivir este domingo con la conciencia de lo que costó mi libertad. Que no banalice la gracia ni dé por sentado el precio que pagaste.
Dios fiel, me enseñarás el sendero de la vida. Junto a ti, plenitud de alegría. A tu derecha, delicias para SIEMPRE. Hoy vuelvo a Jerusalén corriendo, con el corazón encendido y la boca llena de testimonio.
Bendito seas por los siglos.
Amén.
Mañana, otra
Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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