Oración del día

Oración del día - Sábado 18 de abril

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Padre misericordioso,

anoche el mar estaba oscuro y mis discípulos remaban solos. Así cuenta tu Evangelio, y así se siente a veces mi vida, remar en la oscuridad, sin verte, con el viento en contra y la otra orilla lejos. No siempre la fe se siente como tierra firme. A veces se siente como agua negra debajo de los pies y el ruido del oleaje ahogando todo lo demás. Pero tú caminas sobre lo que a mí me hunde. Tú pisas las mismas aguas que me dan miedo y vienes hacia mí, no desde la comodidad de la orilla, sino desde el centro mismo de la tormenta. Y lo primero que dices no es un reproche. Dices solamente, soy yo, no tengan miedo. Esas palabras bastan. Esas palabras calman lo que ningún esfuerzo mío podía calmar. Señor Jesús, quiero subirte a mi barca. No como pasajero de emergencia al que llamo solo cuando el agua sube, sino como el que SIEMPRE debió llevar el timón. Porque cuando tú subiste a la barca de tus discípulos, enseguida llegaron a la orilla. Lo que parecía imposible se resolvió con tu presencia, no con más remos ni mejor técnica. Solo contigo adentro. La comunidad de tus primeros seguidores también enfrentó tormentas internas. Hubo quejas, tensiones, viudas olvidadas, necesidades sin atender. Y en vez de ignorar el problema, tus apóstoles buscaron gente llena del Espíritu para servir. Enséñame eso, Padre. Que los problemas no me paralicen sino que me empujen a buscar soluciones con humildad. Que no pretenda hacerlo todo solo ni cargar responsabilidades que no me corresponden por orgullo disfrazado de entrega. Madre santa, tú que guardabas todas las cosas en el corazón mientras el mundo se agitaba alrededor, intercede por mí en este sábado. Tú conociste la oscuridad del Viernes Santo y no soltaste la fe. Tú esperaste la resurrección sin garantías visibles, sostenida únicamente por la confianza en la palabra de tu Hijo. Pídele que me conceda algo de esa firmeza tuya, esa serenidad que no niega el dolor pero tampoco le da la última palabra. Dios mío, que al cerrar esta semana pueda soltar lo que no pude resolver y confiar en que tú sigues caminando sobre las aguas que me asustan. Que descanse en la certeza de que la barca no se hunde cuando tú vas DENTRO. A ti la gloria, Señor, hoy y TODOS los días. ,

Amén.

Mañana, otra

Cada mañana hay una oración nueva y el Evangelio del día. Bendita te avisa a la hora que elijas.

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